Pasaron
28 días de la llegada de Sofía al lugar de sus esperadas y confusas vacaciones,
y llegó el momento de comprar pasaje de regreso. En sus adentros, sentía un
mundo de emociones porque los días en ese lugar tan lleno de paz la hacía
mantenerse en calma, y no tan ansiosa por volver. Pero, también tenía muchas
ganas de regresar, ver a Joel, correr a sus brazos, darle los regalos que
compró para él, darle los besos que se aguantó, mostrarle los poemas que
inspiró.
Ese día
se levantó a la misma hora en la que se venía despertando e ese lugar. Como a
las siete, y unos cuantos minutos, ya estaba con la cara lavada para tomar su
desayuno, té con leche y pan con mermelada. Nada mal para las vacaciones, además
ella siempre desayunaba algo parecido, a veces en lugar de té solía ser
matecocido. Al levantarse besó a su mamá mientras se refregaba los ojos. “Buen
día” fue el saludo mutuo. Su madre siguió tomando mates, después de barrer el
corredor siempre lo hacía, Sofía se fue a la cocina para prender la hornalla
donde estaba la tetera. Llevó la azucarera a la mesa del comedor. Todas las
mañanas tomaba su desayuno ahí, frente a la puerta principal que miraba al
patio. Veía la naturaleza pura, el sol naciente desde una esquina del cielo, el
rocío evaporándose a medida que calentaba más los rayos del día. Mientras revolvía
con la cucharita con mango color verde inglés, admiraba tan bello acto de
amanecer por la ventana y por la puerta. Sonrío levemente y luego se percató de
que el motivo de su risa era Joel. Se le antojó que estuviese con ella, ahí deslumbrándose
por tan precioso paisaje. Tomando fotos, porque eso era una de las pasiones que
compartían. Después de desayunar, mientras se cepillaba los dientes, preparó su
bolsito con el cual saldría a comprar los boletos de viaje. Guardó su
billetera, los pañuelitos descartables, el celular, algunos caramelos, chicles
sin azúcar, un espejito y un anotador con una lapicera. Esas cosas eran las que
siempre llevaba consigo en su bolsito de jean que ella misma confeccionó. Se echó
perfume, tomó las llaves, cerró la puerta y se dirigió a la vereda donde su mamá
la estaba esperando con una bolsa. Es que de paso pasarían por el mercado del
pueblo a comprar las últimas cosas que necesitarían ese día y en el momento de
viajar.
En cada
esquina Sofía tomaba fotos, era el último día que estaría en ese lugar rodeada
de verde, de árboles altos, de palmeras, de tierra colorada, de caminos con
subidas y bajadas. Ese lugar ajeno a ella, porque no es así donde vive. Cada paso
que daba lo guardaba en su retina para no olvidar nada y contarle a Joel cómo
pasó sus vacaciones, además de extrañarlo.
Cuando
regresó a la casa, eran casi las 12:30. El sol pegaba de lleno en el patio,
amenazando en golpear en unos minutos la puerta del frente de la casa. Siempre la
mantenían cerrada por ese motivo, cuando se iban a dormir la siesta luego del
almuerzo. Por eso, y para que las visitas sepan que están durmiendo y no debían
molestar. Ayudó a su mamá a preparar el almuerzo mientras también cebaba los
mates. Una empanadas de carne con choclo, con arroz de guarnición. Solo eran
ellas dos, así que no había necesidad de preparar demasiada comida. Además habría
frutas de postre, entre ellas la pera, la preferida de Sofía. Cuando terminó el
almuerzo, y después de levantar la mesa, se fue a lavar sus dientes y a prender
el ventilador del cuarto para tener un aire fresco mientras descansaban en el
momento de la siesta. Antes de irse a acostar, tiró la yerba usada del mate,
para dejarlo listo para cuando se levantaran.
Al mismo
tiempo que tomaban los ricos mates de la tarde, con ralladura de naranja de la
planta del fondo de la casa, Sofía preparaba, muy contenta, la mochila con su
ropa. Acomodó cuidadosamente el regalo para Joel. En ese momento sonó su
celular, era un mensaje de él.
“¿Cuándo volvés?, tengo tu regalo!”
El
regalo del que hablaba Joel, era el presente que tenía pensado darle en el día
de los enamorados, pero, como ella estaba de vacaciones, se lo daría en su
cumpleaños. Para esa fecha sólo faltaba cinco días. Sofía respondió el mensaje
avisando que volvería en menos de 48 horas. Cuando terminó de enviar el
mensaje, se quedó pensando en qué podría ser lo que le regalaría.
Al día
siguiente llegó el momento de emprender viaje, y lo único que hizo Sofía fue
pensar en el momento del reencuentro. Estaba más linda, porque se bronceó con
el sol del litoral. Eso la puso más contenta. Revisó si tenía todo listo, lo
más importante era saldo y batería cargada del celular. No quería dejar de
contestar los mensajes de Joel.
Ya
cuando llegó a la frontera entre la provincia de Misiones y la de Corrientes,
eran casi las doce del mediodía. El sol estaba justo por encima de quien lo
tratara de mirar. El micro en el que viajaba paró para cargar nafta, y agua
caliente para quienes quisieran tomar mates. El lugar seguía siendo muy
parecido al que Sofía estaba dejando atrás. Frente al autoservicio podía verse
campo, así también en sus costados. Sólo dos kilómetros más adentro había más
urbanización. La tierra colorada siguió metiéndose entre las ranuras de la
sandalia de Sofía. Mientras sacaba la cámara de fotos de su bolso, sonó el celular.
Miró el mensaje, sí, era él, era una vez más, Joel. ¿Cuándo se convirtió en
alguien tan importante para ella? ¿Cuándo ella se convirtió en alguien especial
para él? No se sabe.
“¿Llegás hoy? Sabés que te extraño mucho,
¿no?”
“El martes hago la compra definitiva de tu
regalo. Te va a enamorar!”
Entre
otros mensajes. Y sí, Sofía llegaría esa noche-madrugada de domingo a lunes. Y
probablemente, (casi seguro), tendría que esperar al fin de semana para verlo,
ya que Joel trabajaba de lunes a viernes, desde la mañana hasta la tarde. Pero,
no le importó, porque el sábado lo vería. El día después de su cumpleaños, por
fin, le daría todos esos besos que ya no aguantaba guardar, los fuertes abrazos
en los que se sentía en otra dimensión. Vería, al fin, luego de tantos días ese
brillo en los ojos del “extraño” que la cautivó desde el segundo cero. Y, por
supuesto, le entregaría en mano el regalo que ella le trajo de recuerdo.
Pero,
lo que en ese momento más le intrigaba a Sofía era saber qué cosa le compraría
Joel. ¿Qué regalo es eso tan lindo que la va a enamorar? Tendría que esperar un
par de días, aunque no le quedaran más uñas por la ansiedad.

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