lunes, 11 de febrero de 2013

Capitulo 7- Promesas, o eso creo




Pasaron 28 días de la llegada de Sofía al lugar de sus esperadas y confusas vacaciones, y llegó el momento de comprar pasaje de regreso. En sus adentros, sentía un mundo de emociones porque los días en ese lugar tan lleno de paz la hacía mantenerse en calma, y no tan ansiosa por volver. Pero, también tenía muchas ganas de regresar, ver a Joel, correr a sus brazos, darle los regalos que compró para él, darle los besos que se aguantó, mostrarle los poemas que inspiró.
Ese día se levantó a la misma hora en la que se venía despertando e ese lugar. Como a las siete, y unos cuantos minutos, ya estaba con la cara lavada para tomar su desayuno, té con leche y pan con mermelada. Nada mal para las vacaciones, además ella siempre desayunaba algo parecido, a veces en lugar de té solía ser matecocido. Al levantarse besó a su mamá mientras se refregaba los ojos. “Buen día” fue el saludo mutuo. Su madre siguió tomando mates, después de barrer el corredor siempre lo hacía, Sofía se fue a la cocina para prender la hornalla donde estaba la tetera. Llevó la azucarera a la mesa del comedor. Todas las mañanas tomaba su desayuno ahí, frente a la puerta principal que miraba al patio. Veía la naturaleza pura, el sol naciente desde una esquina del cielo, el rocío evaporándose a medida que calentaba más los rayos del día. Mientras revolvía con la cucharita con mango color verde inglés, admiraba tan bello acto de amanecer por la ventana y por la puerta. Sonrío levemente y luego se percató de que el motivo de su risa era Joel. Se le antojó que estuviese con ella, ahí deslumbrándose por tan precioso paisaje. Tomando fotos, porque eso era una de las pasiones que compartían. Después de desayunar, mientras se cepillaba los dientes, preparó su bolsito con el cual saldría a comprar los boletos de viaje. Guardó su billetera, los pañuelitos descartables, el celular, algunos caramelos, chicles sin azúcar, un espejito y un anotador con una lapicera. Esas cosas eran las que siempre llevaba consigo en su bolsito de jean que ella misma confeccionó. Se echó perfume, tomó las llaves, cerró la puerta y se dirigió a la vereda donde su mamá la estaba esperando con una bolsa. Es que de paso pasarían por el mercado del pueblo a comprar las últimas cosas que necesitarían ese día y en el momento de viajar.
En cada esquina Sofía tomaba fotos, era el último día que estaría en ese lugar rodeada de verde, de árboles altos, de palmeras, de tierra colorada, de caminos con subidas y bajadas. Ese lugar ajeno a ella, porque no es así donde vive. Cada paso que daba lo guardaba en su retina para no olvidar nada y contarle a Joel cómo pasó sus vacaciones, además de extrañarlo.
Cuando regresó a la casa, eran casi las 12:30. El sol pegaba de lleno en el patio, amenazando en golpear en unos minutos la puerta del frente de la casa. Siempre la mantenían cerrada por ese motivo, cuando se iban a dormir la siesta luego del almuerzo. Por eso, y para que las visitas sepan que están durmiendo y no debían molestar. Ayudó a su mamá a preparar el almuerzo mientras también cebaba los mates. Una empanadas de carne con choclo, con arroz de guarnición. Solo eran ellas dos, así que no había necesidad de preparar demasiada comida. Además habría frutas de postre, entre ellas la pera, la preferida de Sofía. Cuando terminó el almuerzo, y después de levantar la mesa, se fue a lavar sus dientes y a prender el ventilador del cuarto para tener un aire fresco mientras descansaban en el momento de la siesta. Antes de irse a acostar, tiró la yerba usada del mate, para dejarlo listo para cuando se levantaran.
Al mismo tiempo que tomaban los ricos mates de la tarde, con ralladura de naranja de la planta del fondo de la casa, Sofía preparaba, muy contenta, la mochila con su ropa. Acomodó cuidadosamente el regalo para Joel. En ese momento sonó su celular, era un mensaje de él.
“¿Cuándo volvés?, tengo tu regalo!”
El regalo del que hablaba Joel, era el presente que tenía pensado darle en el día de los enamorados, pero, como ella estaba de vacaciones, se lo daría en su cumpleaños. Para esa fecha sólo faltaba cinco días. Sofía respondió el mensaje avisando que volvería en menos de 48 horas. Cuando terminó de enviar el mensaje, se quedó pensando en qué podría ser lo que le regalaría.
Al día siguiente llegó el momento de emprender viaje, y lo único que hizo Sofía fue pensar en el momento del reencuentro. Estaba más linda, porque se bronceó con el sol del litoral. Eso la puso más contenta. Revisó si tenía todo listo, lo más importante era saldo y batería cargada del celular. No quería dejar de contestar  los mensajes de Joel.
Ya cuando llegó a la frontera entre la provincia de Misiones y la de Corrientes, eran casi las doce del mediodía. El sol estaba justo por encima de quien lo tratara de mirar. El micro en el que viajaba paró para cargar nafta, y agua caliente para quienes quisieran tomar mates. El lugar seguía siendo muy parecido al que Sofía estaba dejando atrás. Frente al autoservicio podía verse campo, así también en sus costados. Sólo dos kilómetros más adentro había más urbanización. La tierra colorada siguió metiéndose entre las ranuras de la sandalia de Sofía. Mientras sacaba la cámara de fotos de su bolso, sonó el celular. Miró el mensaje, sí, era él, era una vez más, Joel. ¿Cuándo se convirtió en alguien tan importante para ella? ¿Cuándo ella se convirtió en alguien especial para él? No se sabe.
“¿Llegás hoy? Sabés que te extraño mucho, ¿no?”
“El martes hago la compra definitiva de tu regalo. Te va a enamorar!”
Entre otros mensajes. Y sí, Sofía llegaría esa noche-madrugada de domingo a lunes. Y probablemente, (casi seguro), tendría que esperar al fin de semana para verlo, ya que Joel trabajaba de lunes a viernes, desde la mañana hasta la tarde. Pero, no le importó, porque el sábado lo vería. El día después de su cumpleaños, por fin, le daría todos esos besos que ya no aguantaba guardar, los fuertes abrazos en los que se sentía en otra dimensión. Vería, al fin, luego de tantos días ese brillo en los ojos del “extraño” que la cautivó desde el segundo cero. Y, por supuesto, le entregaría en mano el regalo que ella le trajo de recuerdo.
Pero, lo que en ese momento más le intrigaba a Sofía era saber qué cosa le compraría Joel. ¿Qué regalo es eso tan lindo que la va a enamorar? Tendría que esperar un par de días, aunque no le quedaran más uñas por la ansiedad.

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