viernes, 1 de febrero de 2013

Capitulo 4- Me propongo algo




Los últimos días de enero pasaron más rápido que el correcaminos, y Sofía quería ser el coyote. Atrapar esos instantes en algo, un frasco, un cuaderno, una cámara. Quedarse en esos días eternamente, aunque parezca una exageración. Pensaba que tiempo era lo que sobraba. Que ir tranquilamente conociendo poco a poco el terreno, era lo mejor, estaba bien. Claro que sí. Cuántas veces le dijo a Joel que quería ir despacio, que necesitaba disfrutar de lo que le estaba pasando. ¿O qué? ¿A cualquiera le pasa que llega alguien a su vida y le empieza a dar un giro de equis cantidad de grados? No sé. Lo más probable que sí, quién sabe.
Lo seguro es que Sofía volaba, con los ojos bien abiertos, con los brazos extendidos, como en el comienzo de Heidi. Con el viento contra el pecho, con el corazón agrandándose hasta hacerle doler las costillas. Así de fácil fue. Así conoció a esa persona que ya la tiene entre sus manos. A ella y a toda su existencia. A todo su mundo desequilibrado e ilusorio. ¿Él supo en dónde se estaba metiendo? Creo que eso, ni si quiera ella podía prever.
Una tarde mientras preparaba unas galletitas caseras para acompañar el mate-merienda, prendió la radio. Esa era otra de las pasiones de Sofía: la radio. Desde sus once años la escuchaba antes de ir al colegio por las mañanas en un walkman a pilas. Era su compañía de siempre, si le faltaba el reproductor de música se sentía desnuda y en soledad. Y fue ese gusto por la radio, y la música que la llevó a proponerse una meta. Llegar un día a trabajar en ella. Claro, que mucho no la atraía eso de estar frente a un micrófono, pero sí le encantaría tener la posibilidad de que a diario pueda pisar los estudios de una radio para trabajar. Entonces, mientras preparaba las cosas en la cocina, suena una canción de Juan Luis Guerra. Quedó un momento quieta y sonriendo cerca de la mesada. Recordó que a Joel le gusta, como a ella, ese cantautor. Su mente hizo “clik”. Se dio cuenta que de ahora en más algunas canciones ya no serían sólo eso. Sino que tendrían sentido. Así como cada cosa que le recordara a él no sería algo más ocupando un espacio y un tiempo. Sería algo que le revolvería el baúl de  los recuerdos de su memoria y traería a su cabeza el recuerdo de Joel. Así como una persona empapela una habitación con un motivo preferido, Sofía empapeló las paredes de su lucidez con los rasgos que más le atraían de él. Lo que más sobresalía en sus recuerdos es el brillo de sus ojos, siempre el brillo de sus ojos. Inconfundibles por su calidez, y por la entrega de serenidad que profesaban. Sin dudas ella naufragaba en los mares de los ojos de Joel.
Sofía se propuso algo, que no se lo contó a nadie. Hasta ese entonces aún nadie sabía de la existencia del “extraño”. A nadie había contado que conoció por fin a quien quería hacer feliz con los más mínimos detalles. Desayuno sorpresa al despertar, poemas escritos en cualquier pedazo de papel que se convertiría en un pase dorado a su futuro. Dibujos de los más cursis que a ella no le parecerían así porque los inspira ese ser iluminado. Sí, así de exagerados eran los estados emocionales por los que pasaba. Ella no contó nada. Quería sorprender a su círculo de amigas. Si es que nadie se daba cuenta antes, porque tranquilamente podía delatarla el brillo de su rostro.
De ninguna manera se permitiría tratar de ir apurada, ¿por qué? Si todo caminaba de mil maravillas. Nada podría estorbar en estos momentos, ¿por qué lo haría? Marchaba un tren a vapor recién inaugurado.
Comenzaba otro mes del año en el que se proponía hacerlo diferente. Y así iniciaba el año. Él ocupaba la mayor parte de su tiempo. Cada tanto se ponía a leer los mensajes que le enviaba. Poniendo esa carita de ilusa tonta tan característica y delatora de su parte. Siempre que estaba así, se ponía más animada. Hacía las cosas con más ímpetu, con más ganas, sea lo que fuese que tenga que hacer. La frente se incendió de esperanza y reflejó la luz interior que la invadía de pies a cabeza. Un mensaje de Joel sentenció el veredicto:
“Creo que encontré a la mujer con la cual quiero pasar el resto de mi vida”
Llegado febrero, con éste mes bajo el brazo viene una nueva cita, un nuevo encuentro entre ellos. Una nueva oportunidad de tenerlo frente a ella, admirando su persona. Sintiéndose la mejor de su alrededor, afortunada por tomar de su mano.
Viendo el reflejo de ellos dos en un vidrio transparente de la planta alta del shopping en el que se encontraron el sábado 4 de febrero, comprendió de golpe que de verdad empezaba a cambiar sus días. Sofía ya no pensaría más en ella sola, ahora sería ella y él cada vez que planee algo.
Cuando algo se metía en la cabeza de Sofía, nada o sacaba. Aunque siempre reconoció que le cuesta mantener las ganas de concretar algo que empieza. Así sea un dibujo, o un poema. Lo comienza con todas las ambiciones que podrían caber en su cabeza y en todo su cuerpo, pero si hacerlo incluye tener que esperar un período largo de tiempo, entonces, dudablemente se complete el trabajo. Si es algo que tiene que hacer ella sola, mejor que sea algo simple e inmediato de terminar. Pero, ésta vez es totalmente diferente a otras cosas que empezó y no concluyó. Ahora ella encontró a ese alguien con el cual debía compartir los más mínimos instantes de su tiempo. Lo encontró. Así como aquel que se empeña en encontrar una aguja en un pajar y no desiste sin antes tenerla entre sus manos. Sofía estaba allí, a punto de alojar entre sus manos, las manos del ser que la haría feliz hasta su último suspiro.
Por más que le cueste modificar su vocabulario y tenga que comenzar a usar palabras que sirvan de imperativo a Joel, lo intentaría, no sería tan difícil. De todas formas ella ya lo llamaba de manera especial desde que sintió esa cosquilla al verlo. Le decía “mi sol”. Pero, aprendía cada día a dejar de ser tan silenciosa con las palabras, tan escueta, tan concisa. Esa peculiaridad tan suya que a veces los demás no comprendían.
“Sos callada, eh”
Sofía no lo era, entonces ¿por qué aparentaba eso? Nunca lo supo. Aunque su apariencia de ser una chica pacífica, tranquila, serena, como si se inyectara té de tilo en las venas y en las arterias, hacía que los demás la tilden de callada.
En fin, lo único que le importaba en este momento era que Joel la quiera como es. Así de rara, así como si fuera una chica en extinción. Lo único que deseaba con ferviente afán era que él la deje hacerlo feliz.

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