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viernes, 24 de enero de 2014

Capítulo 35- Lejos de todo




Después de tanto pesar por creer que las cosas se compusieron y volvieron a su lugar de normalidad, Sofía estaba con la cabeza a punto de estallar. Monserrat no podía hacer nada para calmar la tristeza en la que había caído su amiga. Y por supuesto todo terminó. Esta vez era definitiva la culminación de todo tipo de relación con Joel. Muy en el fondo Sofía sabía que eso le iba a hacer bien. Le convenía no volver a ver a quien le hizo sufrir de manera gratuita. Quien tropieza dos veces con la misma piedra, a la segunda es culpa del que tropezó y no de la piedra. Sofía sabía que no debió haber aceptado una especie de reconciliación con Joel.
Eran mediados de julio y Sofía seguía apagada. Las vacaciones de invierno le darían un respiro de tanto estudio. Podría planear salidas con sus amigas, con su familia, aunque pensar en eso era tedioso. Pero, ella no era la misma. Era como si aquella frustración le hubiese absorbido la vitalidad característica de su personalidad. Era como si no pudiera sacarse de la cabeza la injusticia de haber sufrido por alguien quien no se merecía siquiera que lo estimen. Pero no, ella sabía que Joel no era malo, que no era una persona maldita. Lo que podía asegurar era que fuese un infeliz. Con que necesidad iba caminando por la vida destruyendo ilusiones, corazones sinceros, desarmando caricias, ensuciando besos, rayando noches, pudriendo mentes con mentiras, sembrando rencor. Claro que él, ahora mismo, debe estar disfrutando del día, tomando mates y riendo de las cosas que ve en la televisión. Eso no es pecado, claro está. El pecado sin perdón, es que haya jugado con la posibilidad de ser feliz. Estoy segura que Sofía lo hubiese hecho el más afortunado del planeta. La que lo hubiese llevado al cielo, para edificar un futuro y un presente juntos en paz. Pongo las manos en el fuego porque Sofía lo hubiese hecho dichoso, con tan solo regalarle la más sincera de las miradas. Lo hubiese convertido en un hombre feliz. Pero Joel eligió otro camino, el de pensar que nadie puede quererlo tal como es. El de manifestar su espera de un alma bondadosa que sepa cuidar su corazón. Lo que no debe ni puede negar es que Sofía era esa persona. Joel es un infeliz que dejó pasar la oportunidad de una vida plena de alegría. Y solo por querer jugar. Si yo tuviese en frente a Joel le diría que es un idiota que no sabe mirar a su alrededor, que solo presta atención a su ombligo y nada más, y que por eso no sintió la presencia del ángel que se posó a su lado. Allá él entonces, quizás esto sea mejor para Sofía. Un aprendizaje del cual tiene que tomar nota de todo. Porque ella también pisó en falso.
Los meses siguientes fueron incomodos para Sofía. Finalizando el año ya no podía disimular que no estaba desganada, perdida en sus pensamientos, en su mente que no la deja tranquila. Cada cosa con la que se cruzaba le hacía recordar a Joel. Y era inevitable reír al principio, pero lagrimear en los segundos siguientes. Una idea un poco loca rondaba su cabeza, ella sabía que tenía una prima en Bragado, provincia de Buenos Aires., y quizás era una salvación. Sofía tenía casi decidido irse a vivir con ella, primero debía averiguar la situación de su prima. Después de investigar, consiguió un número de teléfono. Llamó y averiguo todo lo necesario. Su prima Leslie estaba separada de su marido, vivía con su hijo de cuatro años y su mamá. Vendía ropa en un local pegado a su casa, ayudada por su mamá quien también tenía un microemprendimiento de bijouterie.
Casi terminando noviembre todo estaba listo. Sofía se mudaba a la casa de su prima. Una decisión bastante fuerte, sabiendo que dejaría todo en ese lugar. Familia, amigos, estudio, todo.  Monserrat, junto a la familia de Sofía, la fue a despedir a la terminal de ómnibus. Dejó escapar unas lágrimas, forzando una sonrisa. La extrañaría mucho, pero prometió ir a visitarla en verano. Ya rumbo a Bragado, Sofía miraba por la ventana mientras escuchaba música. Su vida cambiaría a partir de ese entonces.
Una vez instalada y dada la bienvenida correspondiente, Sofía tomó un baño. Antes de vestirse, en su habitación, prendió su computadora portátil, y empezó a escribir. Sin saber exactamente qué era lo que estaba escribiendo, plasmó su desahogo en letras. Lejos, lejos de todo. Lejos de él.
*** FIN ***

lunes, 20 de enero de 2014

Capítulo 34- Los canallas no merecen perdón




Un mayo muy frió tapó Buenos Aires en la primera semana. Joel tendría libre el viernes, y Sofía no tenía clase ese día, así que decidieron salir juntos como, prácticamente, cada fin de semana.
-¿Mañana que tenés que hacer?- preguntó ella
-Mmm, ah sí, tengo que ayudar a un amigo que tiene que rendir
-Ah, todo bien entonces. Preguntaba por si querías salir
-Nada me encantaría más que eso, mi amor, pero esta complicado con esa materia, algo yo sé como para ayudarlo
-No hay problema, yo sé que no me mentís- Joel rio y le dio un beso.
Sofía no quedó conforme con la respuesta que él le dio. Se despertó ese sábado con una angustia en su pecho, que no podía explicar. Entonces, llamó a Monse y le explicó la situación. Desde aquella discusión, no habían quedado muy bien las cosas entre ellas. Pero, esta vez Sofía necesitaba en serio de su ayuda.
Monserrat fue a la casa de Sofía por la tarde. El plan que tramaron por teléfono y que iban a perfeccionar en ese momento, era que irían hasta la casa de Joel, y de ahí seguirlo. A Monse le pareció una locura, para qué seguir al patán que lastimó a su amiga.
-Por favor, Monse. Con esto yo me sentiría tranquila
-Lo hago pura y exclusivamente por vos
-Gracias- y la abrazó, más que para agradecerle, lo hizo porque en ese momento necesitaba contención.
Fueron hasta la casa de Joel. Se escondieron en la esquina detrás de un árbol. A pesar del frío, fueron en la bicicleta de Sofía, para poder seguirlo mejor. Joel salió, estaba vestido demasiado elegante como para visitar a un amigo. Fue hasta la otra esquina y pidió un remis. Las chicas lo seguían cuidadosamente de cerca. Después de subirse a un auto, fueron derecho diez cuadras, y doblaron a la derecha. Se estacionó frente a una casa blanca casi color crema. De adentro salió… ¡una chica!
-¡Una chica!- dijo Sofía en vos alta.
-Shh, amiga, nos van a descubrir- advirtió Monserrat.
Sofía quedó atónita, por qué si la relación que había entre ellos no tenía ninguna unión seria ni fuerte, no eran nada, por qué entonces Joel le mintió. Por qué no le dijo que saldría con una chica en lugar de mentirle, una vez más. La chica era casi de la misma altura que él, de pelo largo enrulado, color caoba. Linda, era linda. Joel se bajó del auto, para abrirle la puerta a la joven, no sin antes abrazarla y darle un beso. Eso destruyó más a Sofía.
-¿Querés seguir con el plan o volvemos a tu casa?- preguntó Monse mientras tomaba de los brazos a su amiga para que no cayera de rodillas a la vereda.
-Vámonos Monse… no quiero estar más acá
-Los canallas no merecen perdón- exclamó indignada y furiosa, casi con ganas de ir a reventarle el estómago con una patada a Joel. Pero, ¿con qué motivos haría eso? Si ya estaba más que claro que entre su amiga y él no pasaba nada serio. No podía reprocharle nada a Joel, pero sí a su amiga.
Monserrat dejó a Sofía en su habitación y se fue a su casa. Conociendo a su amiga, supo que debía dejarla sola para que pueda aclarar las cosas en su mente. Por su parte, Sofía se sentía una tonta, se decía a sí misma que es una ilusa, y fue en ese momento en el que se dio cuenta que su amiga tenía razón. Y que ella misma sabía lo que ocurriría, porque por algo ocultó a Monse sus visitas a Joel. En su inconsciente era notorio, pero su conciencia adormecida no se dio cuenta el daño posterior. Pensó que podía manejar la situación, pero en cambio el camión que conducía se desbarrancó, haciéndola entender que el punto final lo debió de poner definitivamente cuando se alejó de Joel. Ahora es tarde, y se sintió una vez más burlada. Pero burlada por ella misma, que no entendió que tenía que quererse ella primero antes de empezar a querer a otro. No lloró, solo se angustió. Como si las lagrimas hicieran huelga y no quisieran salir sabiendo la clase de persona por la que debían derramarse. Y sabiendo también que esta vez no tenían que salir, porque la culpa la tuvo la misma Sofía. La enroscaron con nuevas palabras y miradas dulces. Esa mini esperanza, esa cosita chiquita que gritaba dentro de su pecho, debió morir con el primer golpe. Ahora está definitivamente muerta.
-Muerta y no va a renacer- susurró Sofía mientras se recostaba en la cama, porque hacía frío. Más que nunca. Intentando dormir, y no pensar. Como tantas otras noches atrás, desde que apareció Joel en su vida. Sí, por eso empezó a llorar, porque él irrumpió en las aguas calmas que la rodeaban. Qué karma recayó en su espalda.
Al día siguiente, Sofía pensó en llamar a Joel para citarlo y hablar con él. Sentía la necesidad de descargarse como nunca. Cuando miró su celular tenía dos llamadas perdidas de Monse. Y un mensaje de texto que decía: Avisame cuando te despiertes, quiero hablar con vos. Pero la cabeza de Sofía solo daba para pensar en lo que le diría a Joel. Finalmente, lo llamó, eran las doce del mediodía. Nadie respondió. Seguramente seguía durmiendo. Intentó de nuevo a las dos de la tarde, y por fin atendió Joel.
-¿Hola?
-Joel, hola. Soy Sofi. Necesito hablar con vos, ¿podés hoy más tarde?
-Ah Sofi… Sí, sí, dale tipo seis te paso a buscar
-Bueno, te espero- colgó despacio, como si quisiera despertarse de un sueño.
Cuando Joel la pasó a buscar a su casa, le quiso dar un beso, pero Sofía no lo dejó. Fueron al bar de siempre, donde empezó y donde terminó todo.
-Sofi, te veo rara, ¿qué te pasa?
-Ayer vi que saliste con una chica- ante una posible interrupción, dijo- Dejame terminar y después hablás vos. Yo sé que no tenemos nada, y que lo nuestro es algo al paso. Yo soy con quien te desahogás. Lo que no entendí es por qué no me dijiste que ibas a salir con otra. Si supuestamente para vos, no hay compromisos entre nosotros, ¿por qué me mentiste? Joel… yo te quise profundamente. Conmigo hubieras sido feliz. Yo te hubiese cuidado como se debe, y eso me habría hecho feliz a mí. Sentí quererte tanto que imaginé cosas futuras que jamás pasarán. Seguramente no te importa, y ni siquiera vas a hacer el esfuerzo de pensar en lo que duele dibujar un futuro con alguien que te dice que te ama, pero que tres días después de tu cumpleaños te dice que no. Y seguramente ahora, estarás muy tranquilo, con la conciencia en paz, pensando que las cosas que pasan duelen poco. Pero no Joel ¡Jodiste un corazón que te guardó muy dentro de él para darte el más puro amor que podía darte! Nunca pensaste en mí, siempre te importó solo lo que vos sentías. Por eso armaste toda una mentira. Total, claro me tenés unos días, probás si te gusta y si no me tirás al tacho de basura ¡Eso hiciste! Yo fui tan sincera, y vos eras falso. Ya no puedo creerte en nada. Qué lástima que puedas dormir tranquilo, deberías tener pesadillas todas las noches. Porque una cosa es que no haya funcionado, y otra que hayas sido el sordo que no quiso escuchar mis advertencias. Te dije muchas veces que fuéramos despacio, pero no, te diste cuenta de eso una vez que pisoteaste vilmente mi corazón. Ya está Joel, búscate otra con un corazón de carbón como el tuyo, así a ninguno le duele- cuando terminó de decir eso, tomó un sorbo de agua. Levantó la mirada para verlo a los ojos. Sintió rabia. Lo despreció en ese momento. Esperó a que dijera algo.
-Sofía… Perdón por todo
-Joel… Perdoname por quererte tanto- se levantó, se puso el tapado, agarró su cartera y salió del bar sin mirar atrás. Tomó el colectivo. Al llegar a su casa, se dio una ducha caliente, se preparó un té con azúcar y se fue a dormir. Esta vez sin ningún remordimiento ni sensación de pesadez en el alma.

Capítulo 33- ¿Volvió la magia?




Desde el momento en que Sofía decidió aceptar de nuevo a Joel en su vida, se mostraba superada. No volvió a mostrar el más leve signo de cariño hacia él, pero sin embargo salían juntos casi cada fin de semana. En el fondo, ella tapaba lo que en realidad seguía sintiendo y negaba. Creía que si convencía a los demás de que Joel ya no le importaba, se convencería a sí misma tarde o temprano. Monserrat no sabía nada en ese momento, pero pasado dos meses, sospechó algo cuando su amiga no quiso decirle con quién saldría ese sábado. 
-No es nadie que conozcas, no importa- decía Sofía, intentando convencer a su amiga que no preguntara más, pero a su vez queriendo decirle la verdad, que Joel la buscó aquel día, y que logró su objetivo. Que en realidad, ella ya no sufría, sino que se divertía en las salidas con él.
Iban a cenar, a pasear por algún parque, hacían picnics, sino iban a los juegos o al cine en el shopping. Todo como si fuesen una pareja, esa que Sofía siempre quiso ser con él. No rondaban los “te quiero”, ni tampoco las palabras dulces y melosas que solían decirse anteriormente. Más de una noche la luna fue testigo absoluta y privilegiada de lo que pasaba entre ellos. Parecían amigos de toda la vida. No existía el reproche de Sofía a Joel, ni los lamentos ni los reclamos, ni mucho menos los recuerdos. No había un “te acordás de…” ¿Para qué? Si era todo como si se volviese a empezar, como si aceptaran borrar todo lo anterior y sentirse desconocidos. Eso le convenía a Joel, y lo peor de todo es que Sofía aceptó esa condición implícita en la propuesta de aquel día en el bar. Inconscientemente, supo que el único que salía ganando en toda esta historia sería él. Pero siguió con el juego. ¿Qué pretendía ella con eso? No se sabe. Quizá su mente recordó todo lo que una vez quiso vivir junto a Joel. Ahora era la oportunidad, era el momento. Sofía estaba contenta, no volvió a llorar, se la veía radiante. Y ni hablar de Joel, no cambió la irreverencia, la frialdad, el cinismo, la falsedad, la poca importancia hacia los demás, el egoísmo en sus acciones que lo caracterizó siempre, pero que Sofía no vio por estar enamorada. Se volvió a entregar a él de una manera casi igual a aquellos días de dulzura inocente, pero con la diferencia de que ella era consiente que él no lo quería.
-Dale, decime quién es, o aunque sea cómo se llama- casi suplicaba Monse.
-Pero nena, no tiene importancia quién es, voy a salir con él y estoy contenta
-Pero quiero conocerlo
-Después Monse, ahora no, claro
-No, no… pero, decime cómo se llama
-José- dijo Sofía para calmar las ansias de su amiga que estaba preguntona esa noche. De fondo, en la radio se escuchaba un tema de La oreja de Van Gogh con Abel Pintos: “Deseo de cosas imposibles”. Sofía miró el parlante… me callo porque es más cómodo engañarse ♫♪… Parecía que la radio sabía de sus actos y le dedicaba una canción. Siguió maquillándose, mientras Monse acomodaba la mesa en la que habían tomado mate.
-Bueno, cuídate amiga… Y no dejes que te traten como te trataba aquel desalmado innombrable- sin saberlo Monserrat había dado en medio de la herida de Sofía. Se miraron de golpe y fue en ese momento en que su amiga sintió más desconfianza que antes cuando no quería revelar el nombre del galán con el que saldría.
Eran las ocho de una noche abrileña bastante fresca. Joel la esperaría en el bar de siempre, para cenar y después ir al cine. Sofía salió, y en el portón se despidió de su amiga que se tenía que ir para el lado opuesto. Pero Monse, decidió seguir a Sofía, sin que se diera cuenta. Su amiga tomó un colectivo y ella un remis. Supuso el lugar en donde iría, así que fue directamente a ese bar. Llegó antes que Sofía. Desde la vereda trató de buscar a Joel. No lo encontró. Hasta que Sofía llegó, se acercó a un joven que estaba cerca de la puerta del lugar, tenía la cara cubierta con un pañuelo y un gorro de lana. Cuando se lo sacó, Monse pudo ver que era Joel, y estaba abrazando a su amiga. Se sintió decepcionada. Volvió a su casa pensando en por qué su amiga volvió con él, y por qué no se lo quiso decir. Estaba triste, pero recordó que Sofía desde hace un tiempo se mostraba contenta y feliz, y eso la reconfortó un poco, aunque no le sacó el gusto amargo que le quedó.
Al día siguiente pensó en encarar a Sofía. Por eso, la invitó para la hora de la merienda.
-Sofi, ¿por qué volviste con Joel?- Sofía estaba de espaldas, y cuando Monse tiró esa pregunta decidida, se dio vuelta repentinamente y miró fijo a su amiga.
-¿Qué estás diciendo Monse? No volví con…
-No me mientas. Yo sé que volviste con él
-A ver, ¿y quién te lo dijo?
-Vos. Te pusiste nerviosa cuando te pregunté el nombre, y después te seguí y descubrí que te ibas a ver con ese pibe
-Pará, pará, ¿cómo que me seguiste? ¿Ahora sos detective?
-No me cambiés de tema, Sofi. Volviste con él ¿no?
-No… no somos pareja… no somos nada, como antes, que tampoco éramos algo
-Pero ¿por qué volviste?
-Porque no le vi nada de malo
-¿Cómo que no? No te das cuenta que él te manipula, que te tiene comiendo de su mano
-No es así, Monse. Yo sé, esta vez, que no tengo chance alguna de estar con él seriamente
-Y por eso te dejás manejar. Porque como no lo podés tener de novio, lo tenés de amante
-¡Monserrat!... ¿Me invitaste para echarme en cara todo esto?
-Sí, pero porque quiero que te des cuenta que ni como amigo, ni como conocido te conviene tenerlo cerca. Te va a lastimar sea como sea, porque así es él, porque así es su esencia, no sabe vivir de otra manera que no sea lastimando al que lo quiere. Aléjate de él, por favor Sofi
-Mirá, soy consiente de que él no se portó bien conmigo…
-Entonces, ¿por qué le permitís que te vea?
-Porque me siento bien así. Ya me olvidé de eso tan fuerte que sentía por él
-No te creo. Eso no se olvida de un día para el otro. O te olvidás que te dijo que te amaba y al otro día te dijo que no
-Jamás me voy a olvidar de esa canallada que me hizo, ni de ninguna… Ya te dije Monse, y terminemos este tema acá, me siento bien así, me siento capaz de llevar esto tranquilamente
-Ay nena… Cortá esto lo antes posible
-Cortá vos con este tema
El clima quedó tenso en el lugar. Por unos minutos quedaron calladas. Cuando Monserrat le ofreció ver una película, Sofía aceptó. Entonces terminaron la tarde viendo las películas en dvd que había en la casa.

jueves, 16 de enero de 2014

Capítulo 32- Regreso a casa




Ya en sus respectivas casas, Sofía y Monse descansaron el domingo después de su llegada. El lunes por la tarde se juntaron en la casa de Monse para ver las fotos que habían sacado. Rieron con cada recuerdo, mientras tomaban mates.
-¿Ya les diste los regalos a tu mamá?
-Sí, hoy a la mañana cuando estábamos todos en la mesa desayunando, les repartí cada bolsita ¿Vos Sofi?
-No, todavía no. Seguro hoy a la noche se los doy. A las chicas les tenemos que avisar así nos juntamos. Aunque creo que se iban de vacaciones ahora en febrero
-¡Ah sí! Tenés razón, les dieron vacaciones la primera quincena. Bueno, que esperan cuando vuelvan
Una vez que Sofía volvió a su casa, repartió los presentes que había traído de Colón.
Ese viernes, mientras estaba acomodando las cosas en la panadería, le sonó el celular. Cuando miró para leer el mensaje que le había llegado, quedó petrificada. Casi se le fue todo el aliento, y no se pudo mover por unos segundos. Cuando se dio cuenta, se fue hasta detrás del mostrador, para sentarse en la butaca. Era un mensaje de Joel. Lo leyó: “Hola! Cómo estás? Te extraño” Sofía no podía creer lo que leían sus ojos. Empezó a transpirar de los nervios, y se dijo a sí misma que debía calmarse. Por supuesto que lo primero que se le cruzó por la cabeza fue no contestar. Y no lo hizo. Ese mensaje le dio vueltas por la mente durante todo el día. Cuando estaba por irse a dormir, agarró su celular, releyó el mensaje, respiró profundo, y contestó. Sin esperanzas de pronta respuesta. Pero, la respuesta llegó enseguida: “Puedo llamarte?” Automáticamente, Sofía respondió con un sí.
-Hola Sofi ¿cómo estás? Tanto tiempo, linda- con un tono despreocupado saludó Joel a una Sofía que no podía entender lo que estaba pasando.
-Hola… Bien, bien, recién llegada de mis vacaciones
-¿En serio? Qué bueno, ¿dónde fuiste?
-A Colón, Entre Ríos. Fui con una amiga
-Qué bien… Che, quiero preguntarte una cosa, espero que no lo tomés a mal
-Decime
-¿Podemos vernos?- después de esa pregunta, Sofía quedó muda. No pudo hablar y Joel pensó que no había buena señal de celular, por eso hizo la pregunta un par de veces.
-¿Para qué, Joel? No entiendo qué querés
-Sofi, te extraño y quiero verte. Hablemos, y tomemos algo
-Mmm… Bueno… Dale, ¿dónde y cuándo?
-¿Te parece mañana a las cinco en la cafetería de la otra cuadra de la estación?
-Ok. Nos vemos
-Besos, hermosa. Nos vemos
Cuando terminó la llamada, Sofía se recostó en la cama con los ojos cerrados. Le daba vueltas la cabeza, como si estuviese mareada, borracha, alucinada. Sintió nauseas, pero no era porque sentía repulsión de haber aceptado verse con Joel, sino que los nervios recorrían sus venas. ¿Por qué? ¿Por qué dijo que la extrañaba? ¿Cuál es el objetivo que se propone? Por lo pronto, decidió no contárselo a su amiga ni a nadie. Seleccionó la ropa que iba a ponerse, un vestido sencillo color naranja tenue con pétalos de rosas. De paso, mostraría el bronceado que consiguió en las vacaciones.
Llegó a la cafetería y ahí estaba él. La miró entrar, sonrió muy pícaro. Sofía no sabía qué sentir, y mucho menos qué pensar. Ya no estaba nerviosa, solo ansiosa y desconcertada.
-¡Hola Sofi!- y la abrazo bien fuerte por un par de segundos.
-Hola Joel. ¿Cómo estás? ¿Bien?
-Sí. Y ahora que te veo, estoy mejor
-Bueno, me tenés acá. ¿De qué querés hablar?
-Sofi, si bien entre nosotros no hubo algo fuerte, casi no hubo nada de verdad, nos llevamos bien. ¿No?
-Sí… ¿Y?- indignada por la frialdad con la que Joel hablaba de la relación que hubo entre ello.
-Quiero que salgamos, pero sin ningún compromiso. Así como estábamos pero siendo consiente de eso ¿si?
-A ver, a ver… sería como si yo… fuera, tu chica de paso, digamos
-Exacto, con la diferencia de que ya nos conocemos y sabemos nuestras mañas- Sofía tomaba el jugo de naranjas que pidió, mientras escuchaba atentamente lo que él tenía que decirle. Y lo miraba, pensaba que todo lo que soñó con Joel pudo haber sido realidad. Quizá más adelante en el tiempo, quizá si ella se hubiese portado diferente, más áspera y distante. Lo miraba, con añoranza, recordando aquellos meses que parecían tan cerca, pero no, tenía que arrancarse definitivamente esas imágenes del cerebro. Pensó en ella, y pensó en él. Una esperanza ahogada en su pecho atropelló cualquier intentó de razón que pudo tener.
-Joel… bueno. Tengamos ese tipo de relación. Con nuestros tiempos, nuestras cosas… sin compromisos… ¿así?
-Claro, así de simple, Sofi… ¿te parece vernos esta noche?
-¿Ya esta noche?... bueno, ¿en dónde?
-Vemos. Nos encontramos acá en la esquina y vamos a cenar
-Dale- terminaba de tomar su vaso de jugo y de comer una medialuna de manteca. Esperaron unos minutos más, y se despidieron. Joel acompañó a Sofía hasta la parada del colectivo que tenía que tomar. Se dieron un fuerte abrazo, pero Joel, no conforme con eso, y sabiendo que ganó terreno, tomó de la mano a Sofía la miró fijo y lentamente se acercó, y la besó.
Eran las nueve de la noche cuando se volvieron a encontrar. Joel le propuso ir a comer algo liviano y después recorrer la plaza iluminada tomando un helado. Sofía aceptó. Tomados de la mano fueron hasta el bar donde cenarían. Actuaban como si no hubiese pasado el tiempo entre ellos, pero con las cosas totalmente cambiadas. Totalmente diferentes a como las pensó Sofía.