Sofía
no podía creer que su amiga haya hecho una cosa semejante. Hablar con Joel sin
su permiso, y sin contarle lo que le diría. En un primer minuto pensó que lo
llamó por teléfono y con un tono sobresaliente le dijo sus verdades. La miró
muy bien a los ojos, y no dejó de mirarla nunca. Monserrat cebaba los mates y
miraba de vez en cuando la tele, nunca le prestó atención a lo que se emitía,
sólo lo puso para tener una distracción por si Sofía se ponía nerviosa y le
reclamaba.
-“Se me cruzó la idea hace un par de días,
bah, al día siguiente de lo que me contaste que te dijo. Y no te dije nada
porque no me ibas a dejar…”
-“¡Pensaste mal! Si me lo hubieses dicho, yo
te daba permiso. Siempre y cuando yo esté presente cuando lo llamaras” cuando
Sofía terminó de decir eso, su amiga le tomó la mano y con una mirada traviesa
con media sonrisa dibujada, le dijo:
-“No lo llamé por teléfono. Lo fui a buscar
al trabajo.”
Sofía
no reaccionó cuando escuchó lo que su amiga le contaba. Había cometido
semejante locura, sólo por ayudarla. Pero, a decir verdad no era necesario.
Ella podía manejar las cosas con sus manos, pasaba un momento en el que sentía
que tenía todo controlado. Quizás, muy en el fondo de su inconsciente, siempre
supo que podía llegar a pasar lo que pasó. Lo seguro, era que nunca pensó que
Monse haría una cosa así.
-“¿Cómo?... ¿Hasta su trabajo?... Explicame,
nena.”
-“Vos me contaste que trabajaba en una
sucursal de estudios terciarios. Busqué por internet cuál sería, y me mandé. Es
grande el lugar, así que lo busqué bastante. No me animé a preguntar por él por
si me decían que no me quería atender. No quise perder mucho tiempo.”
-“Estás totalmente loca, amiga. Cuándo
hiciste eso. Ahora me molesta que no me lo hayas dicho.”
-“Fue el viernes. Y creo que una vez me
contaste cuál era la hora de su descanso. Así que fui más o menos a esa hora y
lo esperé. Encontré el barcito que tienen ahí, y como él no me conoce
personalmente, me senté en una mesa hasta que entrara.”
-“¿Y si no entraba?”
-“Bueno, iba a esperar veinte minutos, o
media hora, y si no entraba entonces lo iba a buscar a otro lado, o cerca de la
entrada. La cuestión, es que entró. Lo vi y me acerqué, lo llamé por su nombre,
se dio vuelta y me miró medio raro. Le dije que soy Monserrat, la amiga de
Sofía.”
-“¿Cómo reaccionó cuando dijiste eso?”
-“Hizo un gesto como diciendo ‘qué pesada’.
No entendí por qué, pero después le pregunté si tenía cinco minutos para hablar
conmigo. Me dijo que sí, y nos sentamos. Lo primero que le aclaré fue que no me
mandaste vos. Que fui porque me pareció que a él le hacía falta que le aclaren
un par de cosas. Le dije todo lo que tenía ganas de decirle. Eso.”
-“Pero, exactamente. Lo más puntual que le
dijiste, ¿qué fue?”
-“Que… podía ir pensando en madurar y no ser
tan tarado.”
Sofía
quedó pensando. Miraba el mate, y revolvía las ideas. A fin de cuentas su amiga
no había echo nada malo, y si quería lo dejaba en secreto, pero, en cambio se
lo dijo, y le explicó lo que hizo con un poco de miedo, sin saber, obviamente,
lo que Sofía le diría.
-“Bueno, está bien. Ya pasó, ya lo hiciste.
No creo que Joel se enoje por esto. Sino, ya me hubiera mandado algún mensaje o
algo.”
Sofía
se puso tranquila. No se enojó, ni se alteró. Entendió que lo que hizo
Monserrat, lo hubiera hecho ella también. Pero, lo pensó mucho mejor, y
entendió que ella no lo hubiese hecho sin su permiso.
-“Amiga, (dijo mientras tomaba un mate,
y se serenaba) no lo vuelvas a hacer sin
preguntármelo antes, aunque sea. No sé, fíjate si no te hubiese molestado si lo
hacia yo.”
-“No, vos nunca lo hubiese hecho así.”
-“¡Por eso! En un momento me molestó un poco
que te metas en eso, y sin consultarme. Igual, siento que no me estás diciendo
todo lo que pasó”
-“¿Qué te hace pensar eso?”
-“Que te conozco, Monse”
Su
amiga se quedó en silencio un rato. Era un silencio incomodo entre las dos,
estaban tratando un tema que, debió haber quedado enterrado desde un primer
minuto. Pero, no, Monserrat tuvo que reavivar el fuego. No quedó otra
alternativa que aclarar algo más.
-“Sí, pasó algo más.”
-“¡¿Qué pasó, Monse?!” dijo Sofía
levantando un poco la voz, casi atragantándose con el mate.
-“Nada, es que… me repitió lo mismo que a
vos. Que no estaba seguro con nada, y eso. Y que… lo sabía desde el principio.
Solo que no te dijo nada, para ver qué pasaba.”
-“¿Qué quiso decir con para ver qué pasaba?”
Sofía de verdad no entendió por qué dijo eso.
-“Yo supongo que es porque, a ver, cómo
decírtelo… para tener a alguien con quien salir.”
-“¿Vos decís que me usó?”
Monserrat
no dijo nada, y con ese silencio dio a entender que la respuesta era
afirmativa. Se iba un día más, el último del mes. Se hacía tarde, y Sofía
prefirió volver a su casa. Quizás encontraría una salida al revuelo que tenía
en la mente, durmiendo un poco, o recostándose para escuchar música. Lo que no
podría sacarse de la mente era la última frase de su amiga. ¿Sería cierto?



