Mientras
tomaba los mates que terminó de preparar casi sin hablar, su mamá notó que
estaba un poco rara.
-“¿Qué te pasa? ¿Te duele algo?”
-“Nada, me siento un poco cansada. A lo
mejor, me estoy por engripar, con el tiempo así.”
-“Cuidate, porque siempre que te agarra,
tarda en dejarte.”
-“Sí, ma.”
La
realidad era que no sentía nada. Eso la sorprendió desde el primer instante, y
desde que le dijo a Joel que no se preocupara, que ella estaría bien y entendía
todo. No tuvo ganas de quedarse tirada en la cama, pensando en por qué a ella,
no tuvo ganas de reprocharse ni ganas de romper cosas por bronca y enojo. No
sintió la necesidad de llamar a nadie, a ninguna de sus amigas. Era como si
ella estuviera flotando en una burbuja donde no existía la ley de gravedad. Era
muy raro en ella, definitivamente, para que su mamá le preguntara el por qué
estaba así. Deseaba muy en su interior que no le preguntara por Joel, que no
hiciera referencia al tema, porque no preparó de antemano una respuesta para
darle, ni sabía cómo iba a reaccionar cuando le hiciera acordar de él. Le
hablaba del clima, de la humedad, de que tenía un parcial esa semana, de
cualquier cosa con tal de que no lo mencionara. Pero, lo hizo, le preguntó por
él.
-“¿Cómo te fue con Joel?” le dijo
mirándola a los ojos, y tomando un sorbo de mate.
-“Bien. ¿Querés tortas fritas? Estaba
pensando en hacerlas.”
-“Sí. Creo que no hay harina, te voy a
buscar al almacén.”
-“Bueno, yo mientras preparo las demás
cosas,”
Logró
evadir con satisfacción la cuestión, pero sabía que su mamá se dio cuenta de
eso, de que no quería hablar del tema. Era mejor no insistir, pueden ser cosas
de parejas jóvenes, habría pensado su mamá. Sofía se predispuso a hacer las
tortas fritas prometidas, en parte también porque tenía antojo de ellas. Cuando
terminó de amasar, le llegó un mensaje al celular. Era su amiga, preguntándole
qué pasó, y porque tendría que esperar hasta al día siguiente para saberlo.
Prefirió terminar de fritar la masa y luego contestar, para hacerlo más
tranquila y alejada de su mamá.
Le
tomó unos minutos decidir lo que le iba a decir a Monserrat. No supo si
contarle un poco en ese momento, o decirle que lo haría cuando la vea
personalmente. En ese momento, de verdad sintió la necesidad de tenerla cerca.
Pero, tomó la decisión de hablarlo cuando se junten en la facultad al día
siguiente. Lejos de tener un poco de comprensión, y conociendo el carácter de
su amiga, supo que le llegaría un texto un poco reñidor. “¿Qué te hizo? ¿O qué pasó? Bueno, está bien, contame mañana. Descansá.”
La pregunta de “qué te hizo” le dio a entender a Sofía que tendría que
prepararse para escuchar más verdades sobre Joel. Era muy sabido, inclusive por
él, que no caía bien su existencia en Monserrat.
Acordaron
encontrarse una hora antes de la clase en el bar de la Facultad. Café para
Monse, un matecocido para Sofía, y medialunas para las dos en común. Estaban
tranquilas, a pesar de tener un examen en esos días. Monserrat no emitió
palabras, siempre fue así cuando alguien le estaba por contar algo, no
preguntaba ni insistía. Miraba fijamente a los ojos de Sofía, ella la miró
también. Y comenzó a hablar después de tomar media taza de la infusión y dos
medialunas.
-“Salimos a pasear por ahí, por el barrio de
él. Después de un rato tirados en el pasto, me dijo que me tenía que decir algo
importante. Y bueno, me dijo que ya no podíamos seguir con esto. Que sería
mejor dejarlo acá. Y eso.”
-“¿Por qué salió con eso ahora?”
-“No sé. Él es así. Es muy inestable
emocionalmente. Hubo momentos en que yo entendí que estaba todo bien, y después
resulta que me sale con eso. Siento más que nunca que no sabe lo que quiere,
más allá de que me metí en la boca del lobo.”
-“Menos mal que lo dijiste vos, eh.”
-“Sí, ya sé. Que por qué no te hice caso,
por qué seguí con eso, etc etc.”
-“¡Y sí! Si era para burlarse de vos que
seguía con eso. Yo te dije, tenías que terminar con esto hace rato.” Después
de un rato de silencio, Monse observa que Sofía quedó callada, sin refutar el
reproche. “Vos, ¿cómo estás?”
-“Tranquila, por ahora. No sé. Es raro en
mí. Pero, no tuve ataques de nervios, o ganas de llorar. Me hace bien hablar
con vos.”
-“Qué bueno, pero que me digas eso, no quita
que tengas gran culpa en cómo terminó todo.”
-“¿Por qué gran culpa? Un gran porcentaje,
puede ser, pero no toda. Vos sabés mejor
que nadie cómo se comportaba conmigo, cómo me trataba, todo eso. No hice una
historia de la nada, sólo del aire. Lo hice de señales que creí que eran
verdad.”
-“Ya sé, lo hablamos mucho. Pero, él te dejó
muy en claro eso, y como vio que estabas en su mano, decidió manipularte. Y acá
tenés el resultado.”
-“Y bueno…” dijo Sofía seguido de un
suspiro. Ya se había terminado su matecocido, y quedaban cinco minutos para que
empiece la clase. Seguían en el bar. “Ya
sabés que no soy inteligente en éstas cosas y mucho menos con Joel.”
-“Lo sé. Pero, si te das cuenta, nunca fue
coherente con lo que dijo. Que sí, pero no. ¿Entendés?”
-“Sí, qué sé yo… igual, eso mucho no importa
ahora.”
-“¿Te volvió a hablar?”
-“No.”
-“Ay, ay… y bueno, ¿ves? Se terminó
definitivamente ¿no?” dijo con una mirada penetrante hacia Sofía.
-“Sí, obvio. Se terminó.” Dejó caer las
palabras, como quien se rinde ante algo que ya no tiene otro remedio, ni
escapatoria, ni posibilidad de seguir. Miró el reloj, juntó las cosas y antes
de levantarse le dijo a Monse. “Gracias
por escucharme. La próxima, trataré de prestarte atención.”
-“No me agradezcas nada. Y espero que así
sea.”
Agarraron
sus bolsos y se fueron al aula donde tendrían la clase de los lunes. Sofía
confiaba plenamente en su amiga, siempre con la cuota justa de razón y lógica.
Cosas que a ella le faltaban en cantidad. Y más, si se trataba de Joel. Ese sol
que terminó por quemarle el corazón por completo.
Ese día,
a Sofía le fue imposible concentrarse en la clase. Casi ni tomó apuntes en su
cuaderno, porque en su cabeza pasaban otras cosas. Miles de situaciones que le
dejaron en claro la posibilidad de centrarse en un solo camino. Seguir aunque
no supiera cómo.

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