Después
de tanto pesar por creer que las cosas se compusieron y volvieron a su lugar de
normalidad, Sofía estaba con la cabeza a punto de estallar. Monserrat no podía
hacer nada para calmar la tristeza en la que había caído su amiga. Y por
supuesto todo terminó. Esta vez era definitiva la culminación de todo tipo de
relación con Joel. Muy en el fondo Sofía sabía que eso le iba a hacer bien. Le convenía
no volver a ver a quien le hizo sufrir de manera gratuita. Quien tropieza dos
veces con la misma piedra, a la segunda es culpa del que tropezó y no de la
piedra. Sofía sabía que no debió haber aceptado una especie de reconciliación
con Joel.
Eran mediados
de julio y Sofía seguía apagada. Las vacaciones de invierno le darían un
respiro de tanto estudio. Podría planear salidas con sus amigas, con su
familia, aunque pensar en eso era tedioso. Pero, ella no era la misma. Era como
si aquella frustración le hubiese absorbido la vitalidad característica de su
personalidad. Era como si no pudiera sacarse de la cabeza la injusticia de haber
sufrido por alguien quien no se merecía siquiera que lo estimen. Pero no, ella
sabía que Joel no era malo, que no era una persona maldita. Lo que podía
asegurar era que fuese un infeliz. Con que necesidad iba caminando por la vida
destruyendo ilusiones, corazones sinceros, desarmando caricias, ensuciando
besos, rayando noches, pudriendo mentes con mentiras, sembrando rencor. Claro que
él, ahora mismo, debe estar disfrutando del día, tomando mates y riendo de las
cosas que ve en la televisión. Eso no es pecado, claro está. El pecado sin perdón,
es que haya jugado con la posibilidad de ser feliz. Estoy segura que Sofía lo
hubiese hecho el más afortunado del planeta. La que lo hubiese llevado al
cielo, para edificar un futuro y un presente juntos en paz. Pongo las manos en
el fuego porque Sofía lo hubiese hecho dichoso, con tan solo regalarle la más
sincera de las miradas. Lo hubiese convertido en un hombre feliz. Pero Joel eligió
otro camino, el de pensar que nadie puede quererlo tal como es. El de
manifestar su espera de un alma bondadosa que sepa cuidar su corazón. Lo que no
debe ni puede negar es que Sofía era esa persona. Joel es un infeliz que dejó
pasar la oportunidad de una vida plena de alegría. Y solo por querer jugar. Si yo
tuviese en frente a Joel le diría que es un idiota que no sabe mirar a su
alrededor, que solo presta atención a su ombligo y nada más, y que por eso no
sintió la presencia del ángel que se posó a su lado. Allá él entonces, quizás
esto sea mejor para Sofía. Un aprendizaje del cual tiene que tomar nota de
todo. Porque ella también pisó en falso.
Los meses
siguientes fueron incomodos para Sofía. Finalizando el año ya no podía
disimular que no estaba desganada, perdida en sus pensamientos, en su mente que
no la deja tranquila. Cada cosa con la que se cruzaba le hacía recordar a Joel.
Y era inevitable reír al principio, pero lagrimear en los segundos siguientes. Una
idea un poco loca rondaba su cabeza, ella sabía que tenía una prima en Bragado,
provincia de Buenos Aires., y quizás era una salvación. Sofía tenía casi
decidido irse a vivir con ella, primero debía averiguar la situación de su
prima. Después de investigar, consiguió un número de teléfono. Llamó y averiguo
todo lo necesario. Su prima Leslie estaba separada de su marido, vivía con su
hijo de cuatro años y su mamá. Vendía ropa en un local pegado a su casa,
ayudada por su mamá quien también tenía un microemprendimiento de bijouterie.
Casi terminando
noviembre todo estaba listo. Sofía se mudaba a la casa de su prima. Una decisión
bastante fuerte, sabiendo que dejaría todo en ese lugar. Familia, amigos, estudio,
todo. Monserrat, junto a la familia de Sofía,
la fue a despedir a la terminal de ómnibus. Dejó escapar unas lágrimas,
forzando una sonrisa. La extrañaría mucho, pero prometió ir a visitarla en
verano. Ya rumbo a Bragado, Sofía miraba por la ventana mientras escuchaba música.
Su vida cambiaría a partir de ese entonces.
Una vez
instalada y dada la bienvenida correspondiente, Sofía tomó un baño. Antes de
vestirse, en su habitación, prendió su computadora portátil, y empezó a
escribir. Sin saber exactamente qué era lo que estaba escribiendo, plasmó su
desahogo en letras. Lejos, lejos de todo. Lejos de él.
*** FIN ***



