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lunes, 20 de enero de 2014

Capítulo 34- Los canallas no merecen perdón




Un mayo muy frió tapó Buenos Aires en la primera semana. Joel tendría libre el viernes, y Sofía no tenía clase ese día, así que decidieron salir juntos como, prácticamente, cada fin de semana.
-¿Mañana que tenés que hacer?- preguntó ella
-Mmm, ah sí, tengo que ayudar a un amigo que tiene que rendir
-Ah, todo bien entonces. Preguntaba por si querías salir
-Nada me encantaría más que eso, mi amor, pero esta complicado con esa materia, algo yo sé como para ayudarlo
-No hay problema, yo sé que no me mentís- Joel rio y le dio un beso.
Sofía no quedó conforme con la respuesta que él le dio. Se despertó ese sábado con una angustia en su pecho, que no podía explicar. Entonces, llamó a Monse y le explicó la situación. Desde aquella discusión, no habían quedado muy bien las cosas entre ellas. Pero, esta vez Sofía necesitaba en serio de su ayuda.
Monserrat fue a la casa de Sofía por la tarde. El plan que tramaron por teléfono y que iban a perfeccionar en ese momento, era que irían hasta la casa de Joel, y de ahí seguirlo. A Monse le pareció una locura, para qué seguir al patán que lastimó a su amiga.
-Por favor, Monse. Con esto yo me sentiría tranquila
-Lo hago pura y exclusivamente por vos
-Gracias- y la abrazó, más que para agradecerle, lo hizo porque en ese momento necesitaba contención.
Fueron hasta la casa de Joel. Se escondieron en la esquina detrás de un árbol. A pesar del frío, fueron en la bicicleta de Sofía, para poder seguirlo mejor. Joel salió, estaba vestido demasiado elegante como para visitar a un amigo. Fue hasta la otra esquina y pidió un remis. Las chicas lo seguían cuidadosamente de cerca. Después de subirse a un auto, fueron derecho diez cuadras, y doblaron a la derecha. Se estacionó frente a una casa blanca casi color crema. De adentro salió… ¡una chica!
-¡Una chica!- dijo Sofía en vos alta.
-Shh, amiga, nos van a descubrir- advirtió Monserrat.
Sofía quedó atónita, por qué si la relación que había entre ellos no tenía ninguna unión seria ni fuerte, no eran nada, por qué entonces Joel le mintió. Por qué no le dijo que saldría con una chica en lugar de mentirle, una vez más. La chica era casi de la misma altura que él, de pelo largo enrulado, color caoba. Linda, era linda. Joel se bajó del auto, para abrirle la puerta a la joven, no sin antes abrazarla y darle un beso. Eso destruyó más a Sofía.
-¿Querés seguir con el plan o volvemos a tu casa?- preguntó Monse mientras tomaba de los brazos a su amiga para que no cayera de rodillas a la vereda.
-Vámonos Monse… no quiero estar más acá
-Los canallas no merecen perdón- exclamó indignada y furiosa, casi con ganas de ir a reventarle el estómago con una patada a Joel. Pero, ¿con qué motivos haría eso? Si ya estaba más que claro que entre su amiga y él no pasaba nada serio. No podía reprocharle nada a Joel, pero sí a su amiga.
Monserrat dejó a Sofía en su habitación y se fue a su casa. Conociendo a su amiga, supo que debía dejarla sola para que pueda aclarar las cosas en su mente. Por su parte, Sofía se sentía una tonta, se decía a sí misma que es una ilusa, y fue en ese momento en el que se dio cuenta que su amiga tenía razón. Y que ella misma sabía lo que ocurriría, porque por algo ocultó a Monse sus visitas a Joel. En su inconsciente era notorio, pero su conciencia adormecida no se dio cuenta el daño posterior. Pensó que podía manejar la situación, pero en cambio el camión que conducía se desbarrancó, haciéndola entender que el punto final lo debió de poner definitivamente cuando se alejó de Joel. Ahora es tarde, y se sintió una vez más burlada. Pero burlada por ella misma, que no entendió que tenía que quererse ella primero antes de empezar a querer a otro. No lloró, solo se angustió. Como si las lagrimas hicieran huelga y no quisieran salir sabiendo la clase de persona por la que debían derramarse. Y sabiendo también que esta vez no tenían que salir, porque la culpa la tuvo la misma Sofía. La enroscaron con nuevas palabras y miradas dulces. Esa mini esperanza, esa cosita chiquita que gritaba dentro de su pecho, debió morir con el primer golpe. Ahora está definitivamente muerta.
-Muerta y no va a renacer- susurró Sofía mientras se recostaba en la cama, porque hacía frío. Más que nunca. Intentando dormir, y no pensar. Como tantas otras noches atrás, desde que apareció Joel en su vida. Sí, por eso empezó a llorar, porque él irrumpió en las aguas calmas que la rodeaban. Qué karma recayó en su espalda.
Al día siguiente, Sofía pensó en llamar a Joel para citarlo y hablar con él. Sentía la necesidad de descargarse como nunca. Cuando miró su celular tenía dos llamadas perdidas de Monse. Y un mensaje de texto que decía: Avisame cuando te despiertes, quiero hablar con vos. Pero la cabeza de Sofía solo daba para pensar en lo que le diría a Joel. Finalmente, lo llamó, eran las doce del mediodía. Nadie respondió. Seguramente seguía durmiendo. Intentó de nuevo a las dos de la tarde, y por fin atendió Joel.
-¿Hola?
-Joel, hola. Soy Sofi. Necesito hablar con vos, ¿podés hoy más tarde?
-Ah Sofi… Sí, sí, dale tipo seis te paso a buscar
-Bueno, te espero- colgó despacio, como si quisiera despertarse de un sueño.
Cuando Joel la pasó a buscar a su casa, le quiso dar un beso, pero Sofía no lo dejó. Fueron al bar de siempre, donde empezó y donde terminó todo.
-Sofi, te veo rara, ¿qué te pasa?
-Ayer vi que saliste con una chica- ante una posible interrupción, dijo- Dejame terminar y después hablás vos. Yo sé que no tenemos nada, y que lo nuestro es algo al paso. Yo soy con quien te desahogás. Lo que no entendí es por qué no me dijiste que ibas a salir con otra. Si supuestamente para vos, no hay compromisos entre nosotros, ¿por qué me mentiste? Joel… yo te quise profundamente. Conmigo hubieras sido feliz. Yo te hubiese cuidado como se debe, y eso me habría hecho feliz a mí. Sentí quererte tanto que imaginé cosas futuras que jamás pasarán. Seguramente no te importa, y ni siquiera vas a hacer el esfuerzo de pensar en lo que duele dibujar un futuro con alguien que te dice que te ama, pero que tres días después de tu cumpleaños te dice que no. Y seguramente ahora, estarás muy tranquilo, con la conciencia en paz, pensando que las cosas que pasan duelen poco. Pero no Joel ¡Jodiste un corazón que te guardó muy dentro de él para darte el más puro amor que podía darte! Nunca pensaste en mí, siempre te importó solo lo que vos sentías. Por eso armaste toda una mentira. Total, claro me tenés unos días, probás si te gusta y si no me tirás al tacho de basura ¡Eso hiciste! Yo fui tan sincera, y vos eras falso. Ya no puedo creerte en nada. Qué lástima que puedas dormir tranquilo, deberías tener pesadillas todas las noches. Porque una cosa es que no haya funcionado, y otra que hayas sido el sordo que no quiso escuchar mis advertencias. Te dije muchas veces que fuéramos despacio, pero no, te diste cuenta de eso una vez que pisoteaste vilmente mi corazón. Ya está Joel, búscate otra con un corazón de carbón como el tuyo, así a ninguno le duele- cuando terminó de decir eso, tomó un sorbo de agua. Levantó la mirada para verlo a los ojos. Sintió rabia. Lo despreció en ese momento. Esperó a que dijera algo.
-Sofía… Perdón por todo
-Joel… Perdoname por quererte tanto- se levantó, se puso el tapado, agarró su cartera y salió del bar sin mirar atrás. Tomó el colectivo. Al llegar a su casa, se dio una ducha caliente, se preparó un té con azúcar y se fue a dormir. Esta vez sin ningún remordimiento ni sensación de pesadez en el alma.

Capítulo 33- ¿Volvió la magia?




Desde el momento en que Sofía decidió aceptar de nuevo a Joel en su vida, se mostraba superada. No volvió a mostrar el más leve signo de cariño hacia él, pero sin embargo salían juntos casi cada fin de semana. En el fondo, ella tapaba lo que en realidad seguía sintiendo y negaba. Creía que si convencía a los demás de que Joel ya no le importaba, se convencería a sí misma tarde o temprano. Monserrat no sabía nada en ese momento, pero pasado dos meses, sospechó algo cuando su amiga no quiso decirle con quién saldría ese sábado. 
-No es nadie que conozcas, no importa- decía Sofía, intentando convencer a su amiga que no preguntara más, pero a su vez queriendo decirle la verdad, que Joel la buscó aquel día, y que logró su objetivo. Que en realidad, ella ya no sufría, sino que se divertía en las salidas con él.
Iban a cenar, a pasear por algún parque, hacían picnics, sino iban a los juegos o al cine en el shopping. Todo como si fuesen una pareja, esa que Sofía siempre quiso ser con él. No rondaban los “te quiero”, ni tampoco las palabras dulces y melosas que solían decirse anteriormente. Más de una noche la luna fue testigo absoluta y privilegiada de lo que pasaba entre ellos. Parecían amigos de toda la vida. No existía el reproche de Sofía a Joel, ni los lamentos ni los reclamos, ni mucho menos los recuerdos. No había un “te acordás de…” ¿Para qué? Si era todo como si se volviese a empezar, como si aceptaran borrar todo lo anterior y sentirse desconocidos. Eso le convenía a Joel, y lo peor de todo es que Sofía aceptó esa condición implícita en la propuesta de aquel día en el bar. Inconscientemente, supo que el único que salía ganando en toda esta historia sería él. Pero siguió con el juego. ¿Qué pretendía ella con eso? No se sabe. Quizá su mente recordó todo lo que una vez quiso vivir junto a Joel. Ahora era la oportunidad, era el momento. Sofía estaba contenta, no volvió a llorar, se la veía radiante. Y ni hablar de Joel, no cambió la irreverencia, la frialdad, el cinismo, la falsedad, la poca importancia hacia los demás, el egoísmo en sus acciones que lo caracterizó siempre, pero que Sofía no vio por estar enamorada. Se volvió a entregar a él de una manera casi igual a aquellos días de dulzura inocente, pero con la diferencia de que ella era consiente que él no lo quería.
-Dale, decime quién es, o aunque sea cómo se llama- casi suplicaba Monse.
-Pero nena, no tiene importancia quién es, voy a salir con él y estoy contenta
-Pero quiero conocerlo
-Después Monse, ahora no, claro
-No, no… pero, decime cómo se llama
-José- dijo Sofía para calmar las ansias de su amiga que estaba preguntona esa noche. De fondo, en la radio se escuchaba un tema de La oreja de Van Gogh con Abel Pintos: “Deseo de cosas imposibles”. Sofía miró el parlante… me callo porque es más cómodo engañarse ♫♪… Parecía que la radio sabía de sus actos y le dedicaba una canción. Siguió maquillándose, mientras Monse acomodaba la mesa en la que habían tomado mate.
-Bueno, cuídate amiga… Y no dejes que te traten como te trataba aquel desalmado innombrable- sin saberlo Monserrat había dado en medio de la herida de Sofía. Se miraron de golpe y fue en ese momento en que su amiga sintió más desconfianza que antes cuando no quería revelar el nombre del galán con el que saldría.
Eran las ocho de una noche abrileña bastante fresca. Joel la esperaría en el bar de siempre, para cenar y después ir al cine. Sofía salió, y en el portón se despidió de su amiga que se tenía que ir para el lado opuesto. Pero Monse, decidió seguir a Sofía, sin que se diera cuenta. Su amiga tomó un colectivo y ella un remis. Supuso el lugar en donde iría, así que fue directamente a ese bar. Llegó antes que Sofía. Desde la vereda trató de buscar a Joel. No lo encontró. Hasta que Sofía llegó, se acercó a un joven que estaba cerca de la puerta del lugar, tenía la cara cubierta con un pañuelo y un gorro de lana. Cuando se lo sacó, Monse pudo ver que era Joel, y estaba abrazando a su amiga. Se sintió decepcionada. Volvió a su casa pensando en por qué su amiga volvió con él, y por qué no se lo quiso decir. Estaba triste, pero recordó que Sofía desde hace un tiempo se mostraba contenta y feliz, y eso la reconfortó un poco, aunque no le sacó el gusto amargo que le quedó.
Al día siguiente pensó en encarar a Sofía. Por eso, la invitó para la hora de la merienda.
-Sofi, ¿por qué volviste con Joel?- Sofía estaba de espaldas, y cuando Monse tiró esa pregunta decidida, se dio vuelta repentinamente y miró fijo a su amiga.
-¿Qué estás diciendo Monse? No volví con…
-No me mientas. Yo sé que volviste con él
-A ver, ¿y quién te lo dijo?
-Vos. Te pusiste nerviosa cuando te pregunté el nombre, y después te seguí y descubrí que te ibas a ver con ese pibe
-Pará, pará, ¿cómo que me seguiste? ¿Ahora sos detective?
-No me cambiés de tema, Sofi. Volviste con él ¿no?
-No… no somos pareja… no somos nada, como antes, que tampoco éramos algo
-Pero ¿por qué volviste?
-Porque no le vi nada de malo
-¿Cómo que no? No te das cuenta que él te manipula, que te tiene comiendo de su mano
-No es así, Monse. Yo sé, esta vez, que no tengo chance alguna de estar con él seriamente
-Y por eso te dejás manejar. Porque como no lo podés tener de novio, lo tenés de amante
-¡Monserrat!... ¿Me invitaste para echarme en cara todo esto?
-Sí, pero porque quiero que te des cuenta que ni como amigo, ni como conocido te conviene tenerlo cerca. Te va a lastimar sea como sea, porque así es él, porque así es su esencia, no sabe vivir de otra manera que no sea lastimando al que lo quiere. Aléjate de él, por favor Sofi
-Mirá, soy consiente de que él no se portó bien conmigo…
-Entonces, ¿por qué le permitís que te vea?
-Porque me siento bien así. Ya me olvidé de eso tan fuerte que sentía por él
-No te creo. Eso no se olvida de un día para el otro. O te olvidás que te dijo que te amaba y al otro día te dijo que no
-Jamás me voy a olvidar de esa canallada que me hizo, ni de ninguna… Ya te dije Monse, y terminemos este tema acá, me siento bien así, me siento capaz de llevar esto tranquilamente
-Ay nena… Cortá esto lo antes posible
-Cortá vos con este tema
El clima quedó tenso en el lugar. Por unos minutos quedaron calladas. Cuando Monserrat le ofreció ver una película, Sofía aceptó. Entonces terminaron la tarde viendo las películas en dvd que había en la casa.

viernes, 10 de enero de 2014

Capítulo 31- Vacaciones




Pasaron los finales de la Facultad. Pasaron las fiestas de navidad y año nuevo. Ya estaban pisando el primer fin de semana de enero con los bolsos listos para salir esa misma tarde de sábado. Sofía pasó a buscar a Monserrat a su casa y de ahí irían en el coche del padre hasta la terminal de Retiro. En Colón se encontrarían con Cecilia, la dueña de la casa en donde se quedarían todo el mes. Ninguna de las dos conocía ese lugar, y era la primera vez que se iban de vacaciones juntas, así que la emoción era doble.
La casa era adorable por fuera y muy cómoda por dentro. Una sala con un mini bar, la cocina con azulejos blancos con dibujos de frutas, el baño pintado de celeste con burbujas en color blanco, y dos cuartos con camas decoradas al estilo victoriano. Un patio con una pileta y dos hamacas paraguayas puestas entre tres árboles frondosos. Por el costado de unos de los muros que separan la casa de la del vecino, había plantas frutales, de mandarina, de lima limón, de naranja silvestre y hasta de mango. Sofía y Monse quedaron maravilladas, y con todo eso, había que sumarle que la casa quedaba a cuatro cuadras del río. Era un lugar soñado. El lugar perfecto para desconectarse del mundo y solo prestar atención a divertirse. Se despidieron de la familia, que viajaría en coche hasta Buenos Aires. Se pusieron a acomodar la ropa y sus pertenencias en una de las habitaciones.
-¿Viste Monse? Se respira un aire de tranquilidad increíble. Siento que la vamos a pasar muy bien
-Por supuesto- dijo su amiga mostrándole un vestido nuevo que compró antes de viajar. –Esto me lo voy a poner cuando encontremos un bar donde podamos ir a bailar
-No sé si lo que necesito es ir a bailar, o nadar y nadar. Mirá. Me lo compré antes de ayer- Sofía le mostraba la malla de color azul floreada que adquirió especialmente para estas vacaciones.
Así pasaron los días, entre salidas a comer y conocer la ciudad, sacarse fotos, muchas fotos, porque debía quedar en la memoria de las dos. Salir a pasear cerca del rio, nadar, disfrutar del sol. Conocer a los vecinos, jugar un partido de vóley con ellos. Fueron días increíbles. Sofía, realmente sintió que se regeneraba ella misma, con sus fuerzas, con el apoyo de su amiga. Los días pasaban de mil maravillas. Compraron regalos para su familia y amigos. Y también pudieron unirse más, se sintieron más hermanas que amigas. El recuerdo de Joel no dolía, eso era lo que pensaba Sofía. Y, al parecer, era cierto. Porque casi todas las noches, miraba por la ventana, observaba las estrellas y la luna. Pensaba en él. Casi con dolor, pero se convencía a sí misma en dejar de sufrir. Transformó todo ese inmenso amor que llegó a sentir por Joel, en indiferencia y, en algunos casos, en desprecio. Una noche, en la que no pudo dormir en seguida de acostarse, quedó pensando en los momentos que pasó junto a él. Se preguntó por qué fue tan tonta, por qué le hizo las cosas tan fáciles a ese desalmado. Cómo no pudo darse cuenta que solo quería jugar y no sentía nada en serio. Cómo no olfateó que todo era una mentira vil y despiadada de una mente que sólo pensaba en su propio bienestar.
Para la vuelta a Buenos Aires, las chicas se pusieron a limpiar la casa para dejarla impecable, más de lo que ellas la encontraron. Cuando terminaron Monse se fue a tomar una ducha, mientras Sofía terminaba de acomodar las cosas en su mochila. Los pasajes mostraban que la hora de salida sería a las cinco de la tarde del sábado 2 de febrero. Cuando Sofía los agarró para ponerlos sobre la mesa de la sala, dejó salir un suspiro que delataba la nostalgia. Tuvo miedo de sentir miedo. De llegar a su casa y caer dentro de su mente, que solo pensaba en lo mal que la trató cupido. Monse salió de la ducha y propuso tomar mates con las medialunas que quedaron del desayuno. Sofía no se negó, pero primero se tomaría una ducha ella también.
-Antes de empezar a matear ¿te parece si vamos a comprar al súper de acá a la vuelta?- dijo Sofía
-Sí, no hay problema ¿Necesitabas algo?
-De urgencia no. Quiero compara un champagne
-¡Epa! ¿Y qué festejamos?- preguntó Monserrat con un tono pícaro.
-Una nueva etapa. Con nosotras más unidas. Brindamos también porque fueron unas excelentes vacaciones. Por todo, Monse… por todo
Era la última noche en esa casa y lo menos que podían hacer era pasarla bien. Además de la bebida burbujeante, compraron helado y alguna que otra barra de chocolate. Salieron al patio esa noche. Se recostaron en la misma hamaca con una copa en la mano cada una.
-Quiero brindar por Joel. Por ese ser… idiota y… estúpido- Sofía evidenciaba una leve borrachera que la hacía trastabillar en las palabras. Monserrat se rio, seguramente porque ella también se sentía de la misma forma. Después de casi dos horas ahí afuera, contemplando una vez más el cielo hermosamente despejado, las chicas decidieron irse a dormir. Sofía, mientras apoyaba la cabeza en la almohada, pensó que tuvo una gran idea al planificar las vacaciones. No estaba arrepentida de nada. Al final, quedó dormida con una sonrisa dibujada en la cara.

lunes, 6 de enero de 2014

Capítulo 30- Borrón y cuenta nueva




Al día siguiente, Sofía se despertó un poco perdida en sus pensamientos. La desesperaba la idea de hablar con Joel nuevamente. Todavía quería saber por qué la llamó, y si fue sólo para decirle lo que le dijo. Y si así fue, entonces es el más grande patán que haya conocido la historia de la humanidad. Se levantó sin ganas de hacer algo. Su amiga aún seguía durmiendo. No la quiso despertar así que se sentó en la cama y se puso a leer alguna revista que estaba sobre el escritorio. No pasaron dos minutos cuando se despertó Monserrat. La miró y con una voz somnolienta le preguntó qué quería desayunar.
-Mates no más. Te ayudo a prepararlo
En la casa no había nadie porque salieron a hacer las compras. Eran las nueve de la mañana. Mientras Monse pasaba el agua de la pava al termo, Sofía cargaba el mate con yerba, y acomodaba las cosas en la bandeja para llevarla a la sala. Acomodadas las dos en sus lugares, Monserrat esperaba que su amiga dijera la primera palabra. Pero Sofía estaba sumida en sus pensamientos, aunque pareciera que solo fuera la fiaca de la mañana, en realidad su amiga la conocía y si ella no le preguntaba quizá nunca sabría qué era lo que le pasaba.
-¿Qué pasó? ¿Joel tiene algo que ver?
-Sí. Me llamó y no sé por qué a esa hora, no sé por qué me lo dijo por teléfono, pero me dijo que él se sentía bien porque la que entendió todo mal fui yo. La que entendió otra cosa fui yo, y esas cosas. ¿Te das cuenta, amiga? No puedo creer lo que se atrevió a decirme el descarado
-Bueno, no te pongas así. Dejalo. No se merece que te pongas en ese estado
-Es que no puedo creer lo que me dijo ¡Se lavo las manos como si la culpable de todo fuera yo sola!
Monse intentó que dejara de pensar en eso, pero después se dio cuenta que lo mejor era que Sofía descargue todos sus sentimientos negativos en ese momento, para que después se quedara más “liviana”. Y así fue. Sofía habló y se enojó por casi veinte minutos y después quedó callada otros quince. Miró el mueble que sostenía al televisor, y vio que había un mazo de cartas españolas.
-Juguemos a la casita robada, así por lo menos me distraigo de toda esta ensalada y dejo de pensar en aquel miserable desalmado.
Su amiga rio con ganas. “El miserable desalmado” sonaba bien, pero a ella se le había ocurrido “el energúmeno”. Cuando Sofía escuchó ese apodo rio más que Monserrat y hasta se doblo de la risa con gestos de dolor de panza. Es que por su mente pasaba la imagen de Joel con un cartelito con su nuevo apodo sobre el pecho.
Cuando la familia de Monse llegó a la casa, saludó cálidamente a Sofía. Las chicas tuvieron que irse a la habitación. Fue cuando aprovecharon en planificar el viaje de ocio que días atrás Sofía planteó.
-Se me ocurrió un lugar tranqui, como Córdoba, por ejemplo ¿Qué te parece?- propuso Monserrat.
-No, mirá. Tengo una amiga, Marisa ¿te acordás de ella? Mi amiga de la infancia. Bueno, ella a su vez tiene una amiga con parientes en Colón, Entre Ríos. Sus parientes, que son una pareja con su hijo de cuatro años, vienen siempre de vacaciones para acá, para Buenos Aires y necesitan un casero para cuidarles la casa. Siempre se la cuida esta chica, la amiga de mi amiga, pero esta vez no puede porque cambió de trabajo y no tiene vacaciones ahora en enero. Cuando Marisa me comentó esto, a mí se me prendió el foquito y le dije que si me daba permiso de ir a vacacionar ahí.
-¡Buenísimo! ¿Y qué te dijo?
-Que sí. No hay problema, siendo amiga de ella, su amiga confía en mí. Entonces, le dije que yo iría con vos, y me dijo que tampoco hay problema. Igual, para más formalidad quiero hablar con la chica ¿Te parece?
-Me encantó, Sofi. Avísame cuándo hablarías así te acompaño, ya que yo también voy para allá
Después de unos minutos, Sofía miró a su amiga y con un semblante de satisfacción y tranquilidad le dijo:
-¿Viste Monse? Parece que el destino me ayuda para que todo se acomode como estaba antes. Me hace bien eso
-Claro, nena. Vos tenés que dejar de pensar en esas cosas que lo único que te traen son preocupaciones. A propósito, quería comentarte algo ¿No sería mejor que cambiaras de número de celular? Así el energúmeno no te ubica más
-No lo pensé. Pero, sería mucho lío. Mejor lo dejo así. No estoy huyendo de nadie ni de nada
-Tenés razón. Che, en la heladera hay vino tinto ¿Lo traigo para festejar?
-Sos loca, amiga. No festejemos todavía que aún no arreglamos nada
-¡Ay! Pero vamos camino a eso
Monse se levantó de la cama y fue hasta la cocina. A su regreso, Sofía la espera con una gran sonrisa y unos ojos vidriosos. Era la emoción de sentir que comenzaba algo nuevo.