lunes, 1 de abril de 2013

Capítulo 18- Encontronazo




Después de que Sofía le contara aquello que la tenía tan contenta, su amiga no quedó de muy buen humor. Se notaba en su cara, tan angelical y delicada, con las facciones bien notorias, que su ánimo no era el mejor en ese momento. Se fue a la cocina para poner más agua. Seguirían tomando mates, y con la charla, que si bien no era muy amena para ninguna de las dos, era fructífera al fin y al cabo. Sofía no estaba cómoda con el ambiente, y Monserrat no quería creer lo que escuchaba de la boca de su amiga.
-“Tres días después pasó todo. Lo que estaba supuestamente firme para mí, no lo estaba para el mundo real. Yo sé que usé el sol como mi amor y que fue mala idea. Pero, y si ahora cambia.”
-“No sé, amiga.”  
Hubo un silencio de dos minutos. Monse sabía, y supo siempre, que su amiga no era muy racional, siempre andaba entre las nubes y las estrellas. Y es eso lo que la hacía pecar de inocente. Lo que provocaba que sea muy ilusa, y creyera en las cosas que las personas le decían. Pero, también supo que este caso era distinto. Sofía se había enamorado profundamente. Y cuando el sentimiento es demasiado profundo, peligra que la herida lo sea aún más. Prefirió dejar que lo comprobara ella misma, que si era necesario que se vuelva a chocar contra un muro, que lo hiciera. Sólo así la misma Sofía sabría comprender a la fuerza, y por la experiencia, lo que Monserrat le dijo. Ella veía en su amiga imaginativa y soñadora, alguien puro de corazón, casi como a un pajarito herido que debía recibir protección constante ante cualquier mínima amenaza. Dentro de ese cuerpo casi voluptuoso y moreno, se esconde un almita frágil y valiente. Valeroso por el hecho de ser así entre los mortales. Sofía era alguien que no se encontraba a la vuelta de la esquina. Y así ella creyó que Joel lo era también. Pero no. Es por eso que Monse sintió la necesidad de tratar de quitar la venda de los ojos de Sofía. Sin embargo, a pesar de que la mirada de Sofi, (como sus amigos la llamaban cariñosamente), brillaba más que una lámpara en una oscura noche de junio, no tuvo reparo en usar palabras casi acuchilladoras al querer lograr su objetivo. Pero Sofía, más allá de darle la razón a lo que su amiga decía, seguiría su plan, con la decisión de no contarle nada más a partir de ese momento.
Al terminar el día, Sofía revolvería cada palabra que Monserrat le dijo. Su cerebro sabía que su amiga vestía toda la razón, pero ella no haría nada, como cuando uno se boicotea algo contra su propio juicio. Como ocurre con la procastinación. Esa noche, llegó un mensaje de celular cuando estaba recostada en su cama, sobre su acolchado con motivo de flores silvestres y un fondo azulado. Tenía la almohada blanca entre sus brazos, como simulando abrazar a alguien que no quisiera soltar nunca. O quizás añorando los momentos cuando tenía a esa persona apoyada contra su pecho, a Joel frente a ella, sintiendo su calor y hasta sus latidos. Instintivamente se sacó sus auriculares y leyó el mensaje.
-“Buenas noches linda!”
Nada pudo impedir que saltara de alegría y dejara correr una sonrisa indiscreta. Sintió un calor que la recorrió desde los pies hasta su cabeza, quedándose más intensamente en su pecho. Respondió al mensaje y dejó escapar un “te quiero”, al final de las buenas noches. De esta manera quedó desprotegida y más vulnerable que antes. Quizás Joel no tenía malas intenciones en ésta oportunidad, pero inconscientemente sabría que Sofía estaba rendida, más que antes, al brillo de sus profundos e inconfundibles ojos. Volvió a ponerse los auriculares, eligió una lista de canciones que sea acorde a ese momento, que hablaran de sentimientos que ella estaba experimentando. Parecía como si se hubiera olvidado de lo que pasó hace un par de meses, cerca de la fecha de su cumpleaños. Miró a Román, le sonrió como si tuviera cinco años y creyera que la estaba mirando. Se acercó, y muy cerca del hocico del osito, dijo “estoy feliz.”
Ese sábado después de a visita de Sofía a la casa de su amiga cumpleañera, sería la cena de festejo. Para hacer una invitación acorde a esos tiempos, Monserrat armó una imagen que funcionaría como la invitación formal al agasajo. Lo publicó en la red social. A Sofía le hizo una especial, como a las demás amigas especiales. La imagen era graciosa, estaba Monse sonriendo enérgicamente mostrando un par de cubiertos para cocinar el asado. En ese momento Joel estaba conectado, y escribió un comentario en la foto. La amiga de Sofía comentó también, riendo del chiste que hizo él. No se supo bien el momento exacto en el que la conversación se desvió y fue para el lado de Sofía y su sufrimiento. Obviamente el dialogo estaba camuflado, no se dirían las cosas de manera explícita, así que el modo más adecuado era el de la ironía y lo festivo, casi cómico. Hasta que en un comentario, Monserrat dijo
-“Yo voy a hablar sólo cuando Sofi me de permiso, y ahí ¡agarrate!”
Sonó, básicamente, como una amenaza. Es que lo era, en sí, una advertencia. Sofía supo que su amiga podía manipular los argumentos y las ideas de manera muy efectiva. Que cualquiera a su lado se reducía a algo ínfimo cuando intercambiaban ideas. Joel tenía la misma cualidad, no se quedaba callado ante alguien que lo intimide. Así que, si se ponían a hablar con Joel de manera seria y sensata para defenderla, terminarían odiándose. Por eso, Sofía saltó y paró la conversación porque le dio un poco de miedo el tono que estaba tomando. Dijo que mejor dejen de hablar y la dejaran dormir. Fue así que pararon de tirarse con artillería liviana. Joel, en un mensaje de texto le agradeció que interviniera porque no quería ponerse en contra a su amiga que lo estaba atacando.
-“¡Te lo deberás merecer!” bromeó Sofía en la respuesta al mensaje.
A la mañana siguiente, en una charla con Monse por celular, su amiga volvió a explotar.
-“Decí que me contuve, porque sino le tiraba todo lo que tenía atragantado a ese.”
Sofía dejó en claro que mejor no vuelva a decir lo que dijo, porque a ella le hizo mal. No quería ver enfrentados a una de sus mejores amigas, aquella que mejor la entendía, con el dueño de su corazón. Y menos ahora, que sentía que volvía a acomodarse las piezas del rompecabezas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario