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viernes, 24 de enero de 2014

Capítulo 35- Lejos de todo




Después de tanto pesar por creer que las cosas se compusieron y volvieron a su lugar de normalidad, Sofía estaba con la cabeza a punto de estallar. Monserrat no podía hacer nada para calmar la tristeza en la que había caído su amiga. Y por supuesto todo terminó. Esta vez era definitiva la culminación de todo tipo de relación con Joel. Muy en el fondo Sofía sabía que eso le iba a hacer bien. Le convenía no volver a ver a quien le hizo sufrir de manera gratuita. Quien tropieza dos veces con la misma piedra, a la segunda es culpa del que tropezó y no de la piedra. Sofía sabía que no debió haber aceptado una especie de reconciliación con Joel.
Eran mediados de julio y Sofía seguía apagada. Las vacaciones de invierno le darían un respiro de tanto estudio. Podría planear salidas con sus amigas, con su familia, aunque pensar en eso era tedioso. Pero, ella no era la misma. Era como si aquella frustración le hubiese absorbido la vitalidad característica de su personalidad. Era como si no pudiera sacarse de la cabeza la injusticia de haber sufrido por alguien quien no se merecía siquiera que lo estimen. Pero no, ella sabía que Joel no era malo, que no era una persona maldita. Lo que podía asegurar era que fuese un infeliz. Con que necesidad iba caminando por la vida destruyendo ilusiones, corazones sinceros, desarmando caricias, ensuciando besos, rayando noches, pudriendo mentes con mentiras, sembrando rencor. Claro que él, ahora mismo, debe estar disfrutando del día, tomando mates y riendo de las cosas que ve en la televisión. Eso no es pecado, claro está. El pecado sin perdón, es que haya jugado con la posibilidad de ser feliz. Estoy segura que Sofía lo hubiese hecho el más afortunado del planeta. La que lo hubiese llevado al cielo, para edificar un futuro y un presente juntos en paz. Pongo las manos en el fuego porque Sofía lo hubiese hecho dichoso, con tan solo regalarle la más sincera de las miradas. Lo hubiese convertido en un hombre feliz. Pero Joel eligió otro camino, el de pensar que nadie puede quererlo tal como es. El de manifestar su espera de un alma bondadosa que sepa cuidar su corazón. Lo que no debe ni puede negar es que Sofía era esa persona. Joel es un infeliz que dejó pasar la oportunidad de una vida plena de alegría. Y solo por querer jugar. Si yo tuviese en frente a Joel le diría que es un idiota que no sabe mirar a su alrededor, que solo presta atención a su ombligo y nada más, y que por eso no sintió la presencia del ángel que se posó a su lado. Allá él entonces, quizás esto sea mejor para Sofía. Un aprendizaje del cual tiene que tomar nota de todo. Porque ella también pisó en falso.
Los meses siguientes fueron incomodos para Sofía. Finalizando el año ya no podía disimular que no estaba desganada, perdida en sus pensamientos, en su mente que no la deja tranquila. Cada cosa con la que se cruzaba le hacía recordar a Joel. Y era inevitable reír al principio, pero lagrimear en los segundos siguientes. Una idea un poco loca rondaba su cabeza, ella sabía que tenía una prima en Bragado, provincia de Buenos Aires., y quizás era una salvación. Sofía tenía casi decidido irse a vivir con ella, primero debía averiguar la situación de su prima. Después de investigar, consiguió un número de teléfono. Llamó y averiguo todo lo necesario. Su prima Leslie estaba separada de su marido, vivía con su hijo de cuatro años y su mamá. Vendía ropa en un local pegado a su casa, ayudada por su mamá quien también tenía un microemprendimiento de bijouterie.
Casi terminando noviembre todo estaba listo. Sofía se mudaba a la casa de su prima. Una decisión bastante fuerte, sabiendo que dejaría todo en ese lugar. Familia, amigos, estudio, todo.  Monserrat, junto a la familia de Sofía, la fue a despedir a la terminal de ómnibus. Dejó escapar unas lágrimas, forzando una sonrisa. La extrañaría mucho, pero prometió ir a visitarla en verano. Ya rumbo a Bragado, Sofía miraba por la ventana mientras escuchaba música. Su vida cambiaría a partir de ese entonces.
Una vez instalada y dada la bienvenida correspondiente, Sofía tomó un baño. Antes de vestirse, en su habitación, prendió su computadora portátil, y empezó a escribir. Sin saber exactamente qué era lo que estaba escribiendo, plasmó su desahogo en letras. Lejos, lejos de todo. Lejos de él.
*** FIN ***

lunes, 20 de enero de 2014

Capítulo 34- Los canallas no merecen perdón




Un mayo muy frió tapó Buenos Aires en la primera semana. Joel tendría libre el viernes, y Sofía no tenía clase ese día, así que decidieron salir juntos como, prácticamente, cada fin de semana.
-¿Mañana que tenés que hacer?- preguntó ella
-Mmm, ah sí, tengo que ayudar a un amigo que tiene que rendir
-Ah, todo bien entonces. Preguntaba por si querías salir
-Nada me encantaría más que eso, mi amor, pero esta complicado con esa materia, algo yo sé como para ayudarlo
-No hay problema, yo sé que no me mentís- Joel rio y le dio un beso.
Sofía no quedó conforme con la respuesta que él le dio. Se despertó ese sábado con una angustia en su pecho, que no podía explicar. Entonces, llamó a Monse y le explicó la situación. Desde aquella discusión, no habían quedado muy bien las cosas entre ellas. Pero, esta vez Sofía necesitaba en serio de su ayuda.
Monserrat fue a la casa de Sofía por la tarde. El plan que tramaron por teléfono y que iban a perfeccionar en ese momento, era que irían hasta la casa de Joel, y de ahí seguirlo. A Monse le pareció una locura, para qué seguir al patán que lastimó a su amiga.
-Por favor, Monse. Con esto yo me sentiría tranquila
-Lo hago pura y exclusivamente por vos
-Gracias- y la abrazó, más que para agradecerle, lo hizo porque en ese momento necesitaba contención.
Fueron hasta la casa de Joel. Se escondieron en la esquina detrás de un árbol. A pesar del frío, fueron en la bicicleta de Sofía, para poder seguirlo mejor. Joel salió, estaba vestido demasiado elegante como para visitar a un amigo. Fue hasta la otra esquina y pidió un remis. Las chicas lo seguían cuidadosamente de cerca. Después de subirse a un auto, fueron derecho diez cuadras, y doblaron a la derecha. Se estacionó frente a una casa blanca casi color crema. De adentro salió… ¡una chica!
-¡Una chica!- dijo Sofía en vos alta.
-Shh, amiga, nos van a descubrir- advirtió Monserrat.
Sofía quedó atónita, por qué si la relación que había entre ellos no tenía ninguna unión seria ni fuerte, no eran nada, por qué entonces Joel le mintió. Por qué no le dijo que saldría con una chica en lugar de mentirle, una vez más. La chica era casi de la misma altura que él, de pelo largo enrulado, color caoba. Linda, era linda. Joel se bajó del auto, para abrirle la puerta a la joven, no sin antes abrazarla y darle un beso. Eso destruyó más a Sofía.
-¿Querés seguir con el plan o volvemos a tu casa?- preguntó Monse mientras tomaba de los brazos a su amiga para que no cayera de rodillas a la vereda.
-Vámonos Monse… no quiero estar más acá
-Los canallas no merecen perdón- exclamó indignada y furiosa, casi con ganas de ir a reventarle el estómago con una patada a Joel. Pero, ¿con qué motivos haría eso? Si ya estaba más que claro que entre su amiga y él no pasaba nada serio. No podía reprocharle nada a Joel, pero sí a su amiga.
Monserrat dejó a Sofía en su habitación y se fue a su casa. Conociendo a su amiga, supo que debía dejarla sola para que pueda aclarar las cosas en su mente. Por su parte, Sofía se sentía una tonta, se decía a sí misma que es una ilusa, y fue en ese momento en el que se dio cuenta que su amiga tenía razón. Y que ella misma sabía lo que ocurriría, porque por algo ocultó a Monse sus visitas a Joel. En su inconsciente era notorio, pero su conciencia adormecida no se dio cuenta el daño posterior. Pensó que podía manejar la situación, pero en cambio el camión que conducía se desbarrancó, haciéndola entender que el punto final lo debió de poner definitivamente cuando se alejó de Joel. Ahora es tarde, y se sintió una vez más burlada. Pero burlada por ella misma, que no entendió que tenía que quererse ella primero antes de empezar a querer a otro. No lloró, solo se angustió. Como si las lagrimas hicieran huelga y no quisieran salir sabiendo la clase de persona por la que debían derramarse. Y sabiendo también que esta vez no tenían que salir, porque la culpa la tuvo la misma Sofía. La enroscaron con nuevas palabras y miradas dulces. Esa mini esperanza, esa cosita chiquita que gritaba dentro de su pecho, debió morir con el primer golpe. Ahora está definitivamente muerta.
-Muerta y no va a renacer- susurró Sofía mientras se recostaba en la cama, porque hacía frío. Más que nunca. Intentando dormir, y no pensar. Como tantas otras noches atrás, desde que apareció Joel en su vida. Sí, por eso empezó a llorar, porque él irrumpió en las aguas calmas que la rodeaban. Qué karma recayó en su espalda.
Al día siguiente, Sofía pensó en llamar a Joel para citarlo y hablar con él. Sentía la necesidad de descargarse como nunca. Cuando miró su celular tenía dos llamadas perdidas de Monse. Y un mensaje de texto que decía: Avisame cuando te despiertes, quiero hablar con vos. Pero la cabeza de Sofía solo daba para pensar en lo que le diría a Joel. Finalmente, lo llamó, eran las doce del mediodía. Nadie respondió. Seguramente seguía durmiendo. Intentó de nuevo a las dos de la tarde, y por fin atendió Joel.
-¿Hola?
-Joel, hola. Soy Sofi. Necesito hablar con vos, ¿podés hoy más tarde?
-Ah Sofi… Sí, sí, dale tipo seis te paso a buscar
-Bueno, te espero- colgó despacio, como si quisiera despertarse de un sueño.
Cuando Joel la pasó a buscar a su casa, le quiso dar un beso, pero Sofía no lo dejó. Fueron al bar de siempre, donde empezó y donde terminó todo.
-Sofi, te veo rara, ¿qué te pasa?
-Ayer vi que saliste con una chica- ante una posible interrupción, dijo- Dejame terminar y después hablás vos. Yo sé que no tenemos nada, y que lo nuestro es algo al paso. Yo soy con quien te desahogás. Lo que no entendí es por qué no me dijiste que ibas a salir con otra. Si supuestamente para vos, no hay compromisos entre nosotros, ¿por qué me mentiste? Joel… yo te quise profundamente. Conmigo hubieras sido feliz. Yo te hubiese cuidado como se debe, y eso me habría hecho feliz a mí. Sentí quererte tanto que imaginé cosas futuras que jamás pasarán. Seguramente no te importa, y ni siquiera vas a hacer el esfuerzo de pensar en lo que duele dibujar un futuro con alguien que te dice que te ama, pero que tres días después de tu cumpleaños te dice que no. Y seguramente ahora, estarás muy tranquilo, con la conciencia en paz, pensando que las cosas que pasan duelen poco. Pero no Joel ¡Jodiste un corazón que te guardó muy dentro de él para darte el más puro amor que podía darte! Nunca pensaste en mí, siempre te importó solo lo que vos sentías. Por eso armaste toda una mentira. Total, claro me tenés unos días, probás si te gusta y si no me tirás al tacho de basura ¡Eso hiciste! Yo fui tan sincera, y vos eras falso. Ya no puedo creerte en nada. Qué lástima que puedas dormir tranquilo, deberías tener pesadillas todas las noches. Porque una cosa es que no haya funcionado, y otra que hayas sido el sordo que no quiso escuchar mis advertencias. Te dije muchas veces que fuéramos despacio, pero no, te diste cuenta de eso una vez que pisoteaste vilmente mi corazón. Ya está Joel, búscate otra con un corazón de carbón como el tuyo, así a ninguno le duele- cuando terminó de decir eso, tomó un sorbo de agua. Levantó la mirada para verlo a los ojos. Sintió rabia. Lo despreció en ese momento. Esperó a que dijera algo.
-Sofía… Perdón por todo
-Joel… Perdoname por quererte tanto- se levantó, se puso el tapado, agarró su cartera y salió del bar sin mirar atrás. Tomó el colectivo. Al llegar a su casa, se dio una ducha caliente, se preparó un té con azúcar y se fue a dormir. Esta vez sin ningún remordimiento ni sensación de pesadez en el alma.

jueves, 16 de enero de 2014

Capítulo 32- Regreso a casa




Ya en sus respectivas casas, Sofía y Monse descansaron el domingo después de su llegada. El lunes por la tarde se juntaron en la casa de Monse para ver las fotos que habían sacado. Rieron con cada recuerdo, mientras tomaban mates.
-¿Ya les diste los regalos a tu mamá?
-Sí, hoy a la mañana cuando estábamos todos en la mesa desayunando, les repartí cada bolsita ¿Vos Sofi?
-No, todavía no. Seguro hoy a la noche se los doy. A las chicas les tenemos que avisar así nos juntamos. Aunque creo que se iban de vacaciones ahora en febrero
-¡Ah sí! Tenés razón, les dieron vacaciones la primera quincena. Bueno, que esperan cuando vuelvan
Una vez que Sofía volvió a su casa, repartió los presentes que había traído de Colón.
Ese viernes, mientras estaba acomodando las cosas en la panadería, le sonó el celular. Cuando miró para leer el mensaje que le había llegado, quedó petrificada. Casi se le fue todo el aliento, y no se pudo mover por unos segundos. Cuando se dio cuenta, se fue hasta detrás del mostrador, para sentarse en la butaca. Era un mensaje de Joel. Lo leyó: “Hola! Cómo estás? Te extraño” Sofía no podía creer lo que leían sus ojos. Empezó a transpirar de los nervios, y se dijo a sí misma que debía calmarse. Por supuesto que lo primero que se le cruzó por la cabeza fue no contestar. Y no lo hizo. Ese mensaje le dio vueltas por la mente durante todo el día. Cuando estaba por irse a dormir, agarró su celular, releyó el mensaje, respiró profundo, y contestó. Sin esperanzas de pronta respuesta. Pero, la respuesta llegó enseguida: “Puedo llamarte?” Automáticamente, Sofía respondió con un sí.
-Hola Sofi ¿cómo estás? Tanto tiempo, linda- con un tono despreocupado saludó Joel a una Sofía que no podía entender lo que estaba pasando.
-Hola… Bien, bien, recién llegada de mis vacaciones
-¿En serio? Qué bueno, ¿dónde fuiste?
-A Colón, Entre Ríos. Fui con una amiga
-Qué bien… Che, quiero preguntarte una cosa, espero que no lo tomés a mal
-Decime
-¿Podemos vernos?- después de esa pregunta, Sofía quedó muda. No pudo hablar y Joel pensó que no había buena señal de celular, por eso hizo la pregunta un par de veces.
-¿Para qué, Joel? No entiendo qué querés
-Sofi, te extraño y quiero verte. Hablemos, y tomemos algo
-Mmm… Bueno… Dale, ¿dónde y cuándo?
-¿Te parece mañana a las cinco en la cafetería de la otra cuadra de la estación?
-Ok. Nos vemos
-Besos, hermosa. Nos vemos
Cuando terminó la llamada, Sofía se recostó en la cama con los ojos cerrados. Le daba vueltas la cabeza, como si estuviese mareada, borracha, alucinada. Sintió nauseas, pero no era porque sentía repulsión de haber aceptado verse con Joel, sino que los nervios recorrían sus venas. ¿Por qué? ¿Por qué dijo que la extrañaba? ¿Cuál es el objetivo que se propone? Por lo pronto, decidió no contárselo a su amiga ni a nadie. Seleccionó la ropa que iba a ponerse, un vestido sencillo color naranja tenue con pétalos de rosas. De paso, mostraría el bronceado que consiguió en las vacaciones.
Llegó a la cafetería y ahí estaba él. La miró entrar, sonrió muy pícaro. Sofía no sabía qué sentir, y mucho menos qué pensar. Ya no estaba nerviosa, solo ansiosa y desconcertada.
-¡Hola Sofi!- y la abrazo bien fuerte por un par de segundos.
-Hola Joel. ¿Cómo estás? ¿Bien?
-Sí. Y ahora que te veo, estoy mejor
-Bueno, me tenés acá. ¿De qué querés hablar?
-Sofi, si bien entre nosotros no hubo algo fuerte, casi no hubo nada de verdad, nos llevamos bien. ¿No?
-Sí… ¿Y?- indignada por la frialdad con la que Joel hablaba de la relación que hubo entre ello.
-Quiero que salgamos, pero sin ningún compromiso. Así como estábamos pero siendo consiente de eso ¿si?
-A ver, a ver… sería como si yo… fuera, tu chica de paso, digamos
-Exacto, con la diferencia de que ya nos conocemos y sabemos nuestras mañas- Sofía tomaba el jugo de naranjas que pidió, mientras escuchaba atentamente lo que él tenía que decirle. Y lo miraba, pensaba que todo lo que soñó con Joel pudo haber sido realidad. Quizá más adelante en el tiempo, quizá si ella se hubiese portado diferente, más áspera y distante. Lo miraba, con añoranza, recordando aquellos meses que parecían tan cerca, pero no, tenía que arrancarse definitivamente esas imágenes del cerebro. Pensó en ella, y pensó en él. Una esperanza ahogada en su pecho atropelló cualquier intentó de razón que pudo tener.
-Joel… bueno. Tengamos ese tipo de relación. Con nuestros tiempos, nuestras cosas… sin compromisos… ¿así?
-Claro, así de simple, Sofi… ¿te parece vernos esta noche?
-¿Ya esta noche?... bueno, ¿en dónde?
-Vemos. Nos encontramos acá en la esquina y vamos a cenar
-Dale- terminaba de tomar su vaso de jugo y de comer una medialuna de manteca. Esperaron unos minutos más, y se despidieron. Joel acompañó a Sofía hasta la parada del colectivo que tenía que tomar. Se dieron un fuerte abrazo, pero Joel, no conforme con eso, y sabiendo que ganó terreno, tomó de la mano a Sofía la miró fijo y lentamente se acercó, y la besó.
Eran las nueve de la noche cuando se volvieron a encontrar. Joel le propuso ir a comer algo liviano y después recorrer la plaza iluminada tomando un helado. Sofía aceptó. Tomados de la mano fueron hasta el bar donde cenarían. Actuaban como si no hubiese pasado el tiempo entre ellos, pero con las cosas totalmente cambiadas. Totalmente diferentes a como las pensó Sofía.

viernes, 10 de enero de 2014

Capítulo 31- Vacaciones




Pasaron los finales de la Facultad. Pasaron las fiestas de navidad y año nuevo. Ya estaban pisando el primer fin de semana de enero con los bolsos listos para salir esa misma tarde de sábado. Sofía pasó a buscar a Monserrat a su casa y de ahí irían en el coche del padre hasta la terminal de Retiro. En Colón se encontrarían con Cecilia, la dueña de la casa en donde se quedarían todo el mes. Ninguna de las dos conocía ese lugar, y era la primera vez que se iban de vacaciones juntas, así que la emoción era doble.
La casa era adorable por fuera y muy cómoda por dentro. Una sala con un mini bar, la cocina con azulejos blancos con dibujos de frutas, el baño pintado de celeste con burbujas en color blanco, y dos cuartos con camas decoradas al estilo victoriano. Un patio con una pileta y dos hamacas paraguayas puestas entre tres árboles frondosos. Por el costado de unos de los muros que separan la casa de la del vecino, había plantas frutales, de mandarina, de lima limón, de naranja silvestre y hasta de mango. Sofía y Monse quedaron maravilladas, y con todo eso, había que sumarle que la casa quedaba a cuatro cuadras del río. Era un lugar soñado. El lugar perfecto para desconectarse del mundo y solo prestar atención a divertirse. Se despidieron de la familia, que viajaría en coche hasta Buenos Aires. Se pusieron a acomodar la ropa y sus pertenencias en una de las habitaciones.
-¿Viste Monse? Se respira un aire de tranquilidad increíble. Siento que la vamos a pasar muy bien
-Por supuesto- dijo su amiga mostrándole un vestido nuevo que compró antes de viajar. –Esto me lo voy a poner cuando encontremos un bar donde podamos ir a bailar
-No sé si lo que necesito es ir a bailar, o nadar y nadar. Mirá. Me lo compré antes de ayer- Sofía le mostraba la malla de color azul floreada que adquirió especialmente para estas vacaciones.
Así pasaron los días, entre salidas a comer y conocer la ciudad, sacarse fotos, muchas fotos, porque debía quedar en la memoria de las dos. Salir a pasear cerca del rio, nadar, disfrutar del sol. Conocer a los vecinos, jugar un partido de vóley con ellos. Fueron días increíbles. Sofía, realmente sintió que se regeneraba ella misma, con sus fuerzas, con el apoyo de su amiga. Los días pasaban de mil maravillas. Compraron regalos para su familia y amigos. Y también pudieron unirse más, se sintieron más hermanas que amigas. El recuerdo de Joel no dolía, eso era lo que pensaba Sofía. Y, al parecer, era cierto. Porque casi todas las noches, miraba por la ventana, observaba las estrellas y la luna. Pensaba en él. Casi con dolor, pero se convencía a sí misma en dejar de sufrir. Transformó todo ese inmenso amor que llegó a sentir por Joel, en indiferencia y, en algunos casos, en desprecio. Una noche, en la que no pudo dormir en seguida de acostarse, quedó pensando en los momentos que pasó junto a él. Se preguntó por qué fue tan tonta, por qué le hizo las cosas tan fáciles a ese desalmado. Cómo no pudo darse cuenta que solo quería jugar y no sentía nada en serio. Cómo no olfateó que todo era una mentira vil y despiadada de una mente que sólo pensaba en su propio bienestar.
Para la vuelta a Buenos Aires, las chicas se pusieron a limpiar la casa para dejarla impecable, más de lo que ellas la encontraron. Cuando terminaron Monse se fue a tomar una ducha, mientras Sofía terminaba de acomodar las cosas en su mochila. Los pasajes mostraban que la hora de salida sería a las cinco de la tarde del sábado 2 de febrero. Cuando Sofía los agarró para ponerlos sobre la mesa de la sala, dejó salir un suspiro que delataba la nostalgia. Tuvo miedo de sentir miedo. De llegar a su casa y caer dentro de su mente, que solo pensaba en lo mal que la trató cupido. Monse salió de la ducha y propuso tomar mates con las medialunas que quedaron del desayuno. Sofía no se negó, pero primero se tomaría una ducha ella también.
-Antes de empezar a matear ¿te parece si vamos a comprar al súper de acá a la vuelta?- dijo Sofía
-Sí, no hay problema ¿Necesitabas algo?
-De urgencia no. Quiero compara un champagne
-¡Epa! ¿Y qué festejamos?- preguntó Monserrat con un tono pícaro.
-Una nueva etapa. Con nosotras más unidas. Brindamos también porque fueron unas excelentes vacaciones. Por todo, Monse… por todo
Era la última noche en esa casa y lo menos que podían hacer era pasarla bien. Además de la bebida burbujeante, compraron helado y alguna que otra barra de chocolate. Salieron al patio esa noche. Se recostaron en la misma hamaca con una copa en la mano cada una.
-Quiero brindar por Joel. Por ese ser… idiota y… estúpido- Sofía evidenciaba una leve borrachera que la hacía trastabillar en las palabras. Monserrat se rio, seguramente porque ella también se sentía de la misma forma. Después de casi dos horas ahí afuera, contemplando una vez más el cielo hermosamente despejado, las chicas decidieron irse a dormir. Sofía, mientras apoyaba la cabeza en la almohada, pensó que tuvo una gran idea al planificar las vacaciones. No estaba arrepentida de nada. Al final, quedó dormida con una sonrisa dibujada en la cara.