Al
día siguiente, Sofía se despertó un poco perdida en sus pensamientos. La
desesperaba la idea de hablar con Joel nuevamente. Todavía quería saber por qué
la llamó, y si fue sólo para decirle lo que le dijo. Y si así fue, entonces es
el más grande patán que haya conocido la historia de la humanidad. Se levantó
sin ganas de hacer algo. Su amiga aún seguía durmiendo. No la quiso despertar
así que se sentó en la cama y se puso a leer alguna revista que estaba sobre el
escritorio. No pasaron dos minutos cuando se despertó Monserrat. La miró y con
una voz somnolienta le preguntó qué quería desayunar.
-Mates no más. Te ayudo a prepararlo
En la
casa no había nadie porque salieron a hacer las compras. Eran las nueve de la
mañana. Mientras Monse pasaba el agua de la pava al termo, Sofía cargaba el
mate con yerba, y acomodaba las cosas en la bandeja para llevarla a la sala.
Acomodadas las dos en sus lugares, Monserrat esperaba que su amiga dijera la
primera palabra. Pero Sofía estaba sumida en sus pensamientos, aunque pareciera
que solo fuera la fiaca de la mañana, en realidad su amiga la conocía y si ella
no le preguntaba quizá nunca sabría qué era lo que le pasaba.
-¿Qué pasó? ¿Joel tiene algo que ver?
-Sí. Me llamó y no sé por qué a esa hora, no
sé por qué me lo dijo por teléfono, pero me dijo que él se sentía bien porque
la que entendió todo mal fui yo. La que entendió otra cosa fui yo, y esas
cosas. ¿Te das cuenta, amiga? No puedo creer lo que se atrevió a decirme el
descarado
-Bueno, no te pongas así. Dejalo. No se
merece que te pongas en ese estado
-Es que no puedo creer lo que me dijo ¡Se
lavo las manos como si la culpable de todo fuera yo sola!
Monse
intentó que dejara de pensar en eso, pero después se dio cuenta que lo mejor
era que Sofía descargue todos sus sentimientos negativos en ese momento, para
que después se quedara más “liviana”. Y así fue. Sofía habló y se enojó por
casi veinte minutos y después quedó callada otros quince. Miró el mueble que
sostenía al televisor, y vio que había un mazo de cartas españolas.
-Juguemos a la casita robada, así por lo
menos me distraigo de toda esta ensalada y dejo de pensar en aquel miserable
desalmado.
Su
amiga rio con ganas. “El miserable desalmado” sonaba bien, pero a ella se le
había ocurrido “el energúmeno”. Cuando Sofía escuchó ese apodo rio más que
Monserrat y hasta se doblo de la risa con gestos de dolor de panza. Es que por
su mente pasaba la imagen de Joel con un cartelito con su nuevo apodo sobre el
pecho.
Cuando
la familia de Monse llegó a la casa, saludó cálidamente a Sofía. Las chicas
tuvieron que irse a la habitación. Fue cuando aprovecharon en planificar el
viaje de ocio que días atrás Sofía planteó.
-Se me ocurrió un lugar tranqui, como
Córdoba, por ejemplo ¿Qué te parece?- propuso Monserrat.
-No, mirá. Tengo una amiga, Marisa ¿te
acordás de ella? Mi amiga de la infancia. Bueno, ella a su vez tiene una amiga
con parientes en Colón, Entre Ríos. Sus parientes, que son una pareja con su
hijo de cuatro años, vienen siempre de vacaciones para acá, para Buenos Aires y
necesitan un casero para cuidarles la casa. Siempre se la cuida esta chica, la
amiga de mi amiga, pero esta vez no puede porque cambió de trabajo y no tiene
vacaciones ahora en enero. Cuando Marisa me comentó esto, a mí se me prendió el
foquito y le dije que si me daba permiso de ir a vacacionar ahí.
-¡Buenísimo! ¿Y qué te dijo?
-Que sí. No hay problema, siendo amiga de
ella, su amiga confía en mí. Entonces, le dije que yo iría con vos, y me dijo
que tampoco hay problema. Igual, para más formalidad quiero hablar con la chica
¿Te parece?
-Me encantó, Sofi. Avísame cuándo hablarías
así te acompaño, ya que yo también voy para allá
Después
de unos minutos, Sofía miró a su amiga y con un semblante de satisfacción y
tranquilidad le dijo:
-¿Viste Monse? Parece que el destino me
ayuda para que todo se acomode como estaba antes. Me hace bien eso
-Claro, nena. Vos tenés que dejar de pensar
en esas cosas que lo único que te traen son preocupaciones. A propósito, quería
comentarte algo ¿No sería mejor que cambiaras de número de celular? Así el
energúmeno no te ubica más
-No lo pensé. Pero, sería mucho lío. Mejor
lo dejo así. No estoy huyendo de nadie ni de nada
-Tenés razón. Che, en la heladera hay vino
tinto ¿Lo traigo para festejar?
-Sos loca, amiga. No festejemos todavía que
aún no arreglamos nada
-¡Ay! Pero vamos camino a eso
Monse
se levantó de la cama y fue hasta la cocina. A su regreso, Sofía la espera con
una gran sonrisa y unos ojos vidriosos. Era la emoción de sentir que comenzaba
algo nuevo.

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