lunes, 6 de enero de 2014

Capítulo 30- Borrón y cuenta nueva




Al día siguiente, Sofía se despertó un poco perdida en sus pensamientos. La desesperaba la idea de hablar con Joel nuevamente. Todavía quería saber por qué la llamó, y si fue sólo para decirle lo que le dijo. Y si así fue, entonces es el más grande patán que haya conocido la historia de la humanidad. Se levantó sin ganas de hacer algo. Su amiga aún seguía durmiendo. No la quiso despertar así que se sentó en la cama y se puso a leer alguna revista que estaba sobre el escritorio. No pasaron dos minutos cuando se despertó Monserrat. La miró y con una voz somnolienta le preguntó qué quería desayunar.
-Mates no más. Te ayudo a prepararlo
En la casa no había nadie porque salieron a hacer las compras. Eran las nueve de la mañana. Mientras Monse pasaba el agua de la pava al termo, Sofía cargaba el mate con yerba, y acomodaba las cosas en la bandeja para llevarla a la sala. Acomodadas las dos en sus lugares, Monserrat esperaba que su amiga dijera la primera palabra. Pero Sofía estaba sumida en sus pensamientos, aunque pareciera que solo fuera la fiaca de la mañana, en realidad su amiga la conocía y si ella no le preguntaba quizá nunca sabría qué era lo que le pasaba.
-¿Qué pasó? ¿Joel tiene algo que ver?
-Sí. Me llamó y no sé por qué a esa hora, no sé por qué me lo dijo por teléfono, pero me dijo que él se sentía bien porque la que entendió todo mal fui yo. La que entendió otra cosa fui yo, y esas cosas. ¿Te das cuenta, amiga? No puedo creer lo que se atrevió a decirme el descarado
-Bueno, no te pongas así. Dejalo. No se merece que te pongas en ese estado
-Es que no puedo creer lo que me dijo ¡Se lavo las manos como si la culpable de todo fuera yo sola!
Monse intentó que dejara de pensar en eso, pero después se dio cuenta que lo mejor era que Sofía descargue todos sus sentimientos negativos en ese momento, para que después se quedara más “liviana”. Y así fue. Sofía habló y se enojó por casi veinte minutos y después quedó callada otros quince. Miró el mueble que sostenía al televisor, y vio que había un mazo de cartas españolas.
-Juguemos a la casita robada, así por lo menos me distraigo de toda esta ensalada y dejo de pensar en aquel miserable desalmado.
Su amiga rio con ganas. “El miserable desalmado” sonaba bien, pero a ella se le había ocurrido “el energúmeno”. Cuando Sofía escuchó ese apodo rio más que Monserrat y hasta se doblo de la risa con gestos de dolor de panza. Es que por su mente pasaba la imagen de Joel con un cartelito con su nuevo apodo sobre el pecho.
Cuando la familia de Monse llegó a la casa, saludó cálidamente a Sofía. Las chicas tuvieron que irse a la habitación. Fue cuando aprovecharon en planificar el viaje de ocio que días atrás Sofía planteó.
-Se me ocurrió un lugar tranqui, como Córdoba, por ejemplo ¿Qué te parece?- propuso Monserrat.
-No, mirá. Tengo una amiga, Marisa ¿te acordás de ella? Mi amiga de la infancia. Bueno, ella a su vez tiene una amiga con parientes en Colón, Entre Ríos. Sus parientes, que son una pareja con su hijo de cuatro años, vienen siempre de vacaciones para acá, para Buenos Aires y necesitan un casero para cuidarles la casa. Siempre se la cuida esta chica, la amiga de mi amiga, pero esta vez no puede porque cambió de trabajo y no tiene vacaciones ahora en enero. Cuando Marisa me comentó esto, a mí se me prendió el foquito y le dije que si me daba permiso de ir a vacacionar ahí.
-¡Buenísimo! ¿Y qué te dijo?
-Que sí. No hay problema, siendo amiga de ella, su amiga confía en mí. Entonces, le dije que yo iría con vos, y me dijo que tampoco hay problema. Igual, para más formalidad quiero hablar con la chica ¿Te parece?
-Me encantó, Sofi. Avísame cuándo hablarías así te acompaño, ya que yo también voy para allá
Después de unos minutos, Sofía miró a su amiga y con un semblante de satisfacción y tranquilidad le dijo:
-¿Viste Monse? Parece que el destino me ayuda para que todo se acomode como estaba antes. Me hace bien eso
-Claro, nena. Vos tenés que dejar de pensar en esas cosas que lo único que te traen son preocupaciones. A propósito, quería comentarte algo ¿No sería mejor que cambiaras de número de celular? Así el energúmeno no te ubica más
-No lo pensé. Pero, sería mucho lío. Mejor lo dejo así. No estoy huyendo de nadie ni de nada
-Tenés razón. Che, en la heladera hay vino tinto ¿Lo traigo para festejar?
-Sos loca, amiga. No festejemos todavía que aún no arreglamos nada
-¡Ay! Pero vamos camino a eso
Monse se levantó de la cama y fue hasta la cocina. A su regreso, Sofía la espera con una gran sonrisa y unos ojos vidriosos. Era la emoción de sentir que comenzaba algo nuevo.

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