Desde
el momento en que Sofía decidió aceptar de nuevo a Joel en su vida, se mostraba
superada. No volvió a mostrar el más leve signo de cariño hacia él, pero sin
embargo salían juntos casi cada fin de semana. En el fondo, ella tapaba lo que
en realidad seguía sintiendo y negaba. Creía que si convencía a los demás de
que Joel ya no le importaba, se convencería a sí misma tarde o temprano.
Monserrat no sabía nada en ese momento, pero pasado dos meses, sospechó algo
cuando su amiga no quiso decirle con quién saldría ese sábado.
-No es nadie que conozcas, no importa- decía
Sofía, intentando convencer a su amiga que no preguntara más, pero a su vez
queriendo decirle la verdad, que Joel la buscó aquel día, y que logró su
objetivo. Que en realidad, ella ya no sufría, sino que se divertía en las
salidas con él.
Iban
a cenar, a pasear por algún parque, hacían picnics, sino iban a los juegos o al
cine en el shopping. Todo como si fuesen una pareja, esa que Sofía siempre
quiso ser con él. No rondaban los “te quiero”, ni tampoco las palabras dulces y
melosas que solían decirse anteriormente. Más de una noche la luna fue testigo
absoluta y privilegiada de lo que pasaba entre ellos. Parecían amigos de toda
la vida. No existía el reproche de Sofía a Joel, ni los lamentos ni los
reclamos, ni mucho menos los recuerdos. No había un “te acordás de…” ¿Para qué?
Si era todo como si se volviese a empezar, como si aceptaran borrar todo lo
anterior y sentirse desconocidos. Eso le convenía a Joel, y lo peor de todo es
que Sofía aceptó esa condición implícita en la propuesta de aquel día en el
bar. Inconscientemente, supo que el único que salía ganando en toda esta
historia sería él. Pero siguió con el juego. ¿Qué pretendía ella con eso? No se
sabe. Quizá su mente recordó todo lo que una vez quiso vivir junto a Joel.
Ahora era la oportunidad, era el momento. Sofía estaba contenta, no volvió a
llorar, se la veía radiante. Y ni hablar de Joel, no cambió la irreverencia, la
frialdad, el cinismo, la falsedad, la poca importancia hacia los demás, el
egoísmo en sus acciones que lo caracterizó siempre, pero que Sofía no vio por
estar enamorada. Se volvió a entregar a él de una manera casi igual a aquellos
días de dulzura inocente, pero con la diferencia de que ella era consiente que
él no lo quería.
-Dale, decime quién es, o aunque sea cómo se
llama- casi suplicaba Monse.
-Pero nena, no tiene importancia quién es,
voy a salir con él y estoy contenta
-Pero quiero conocerlo
-Después Monse, ahora no, claro
-No, no… pero, decime cómo se llama
-José- dijo Sofía para calmar las ansias
de su amiga que estaba preguntona esa noche. De fondo, en la radio se escuchaba
un tema de La oreja de Van Gogh con Abel Pintos: “Deseo de cosas imposibles”.
Sofía miró el parlante… me callo porque
es más cómodo engañarse ♫♪… Parecía que la radio sabía de sus actos y le
dedicaba una canción. Siguió maquillándose, mientras Monse acomodaba la mesa en
la que habían tomado mate.
-Bueno, cuídate amiga… Y no dejes que te
traten como te trataba aquel desalmado innombrable- sin saberlo Monserrat
había dado en medio de la herida de Sofía. Se miraron de golpe y fue en ese
momento en que su amiga sintió más desconfianza que antes cuando no quería
revelar el nombre del galán con el que saldría.
Eran
las ocho de una noche abrileña bastante fresca. Joel la esperaría en el bar de
siempre, para cenar y después ir al cine. Sofía salió, y en el portón se
despidió de su amiga que se tenía que ir para el lado opuesto. Pero Monse,
decidió seguir a Sofía, sin que se diera cuenta. Su amiga tomó un colectivo y
ella un remis. Supuso el lugar en donde iría, así que fue directamente a ese
bar. Llegó antes que Sofía. Desde la vereda trató de buscar a Joel. No lo
encontró. Hasta que Sofía llegó, se acercó a un joven que estaba cerca de la
puerta del lugar, tenía la cara cubierta con un pañuelo y un gorro de lana.
Cuando se lo sacó, Monse pudo ver que era Joel, y estaba abrazando a su amiga.
Se sintió decepcionada. Volvió a su casa pensando en por qué su amiga volvió
con él, y por qué no se lo quiso decir. Estaba triste, pero recordó que Sofía
desde hace un tiempo se mostraba contenta y feliz, y eso la reconfortó un poco,
aunque no le sacó el gusto amargo que le quedó.
Al
día siguiente pensó en encarar a Sofía. Por eso, la invitó para la hora de la
merienda.
-Sofi, ¿por qué volviste con Joel?- Sofía
estaba de espaldas, y cuando Monse tiró esa pregunta decidida, se dio vuelta
repentinamente y miró fijo a su amiga.
-¿Qué estás diciendo Monse? No volví con…
-No me mientas. Yo sé que volviste con él
-A ver, ¿y quién te lo dijo?
-Vos. Te pusiste nerviosa cuando te pregunté
el nombre, y después te seguí y descubrí que te ibas a ver con ese pibe
-Pará, pará, ¿cómo que me seguiste? ¿Ahora
sos detective?
-No me cambiés de tema, Sofi. Volviste con
él ¿no?
-No… no somos pareja… no somos nada, como
antes, que tampoco éramos algo
-Pero ¿por qué volviste?
-Porque no le vi nada de malo
-¿Cómo que no? No te das cuenta que él te
manipula, que te tiene comiendo de su mano
-No es así, Monse. Yo sé, esta vez, que no
tengo chance alguna de estar con él seriamente
-Y por eso te dejás manejar. Porque como no
lo podés tener de novio, lo tenés de amante
-¡Monserrat!... ¿Me invitaste para echarme
en cara todo esto?
-Sí, pero porque quiero que te des cuenta
que ni como amigo, ni como conocido te conviene tenerlo cerca. Te va a lastimar
sea como sea, porque así es él, porque así es su esencia, no sabe vivir de otra
manera que no sea lastimando al que lo quiere. Aléjate de él, por favor Sofi
-Mirá, soy consiente de que él no se portó
bien conmigo…
-Entonces, ¿por qué le permitís que te vea?
-Porque me siento bien así. Ya me olvidé de
eso tan fuerte que sentía por él
-No te creo. Eso no se olvida de un día para
el otro. O te olvidás que te dijo que te amaba y al otro día te dijo que no
-Jamás me voy a olvidar de esa canallada que
me hizo, ni de ninguna… Ya te dije Monse, y terminemos este tema acá, me siento
bien así, me siento capaz de llevar esto tranquilamente
-Ay nena… Cortá esto lo antes posible
-Cortá vos con este tema
El
clima quedó tenso en el lugar. Por unos minutos quedaron calladas. Cuando
Monserrat le ofreció ver una película, Sofía aceptó. Entonces terminaron la
tarde viendo las películas en dvd que había en la casa.

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