Ya en
sus respectivas casas, Sofía y Monse descansaron el domingo después de su
llegada. El lunes por la tarde se juntaron en la casa de Monse para ver las
fotos que habían sacado. Rieron con cada recuerdo, mientras tomaban mates.
-¿Ya les diste los regalos a tu mamá?
-Sí, hoy a la mañana cuando estábamos todos
en la mesa desayunando, les repartí cada bolsita ¿Vos Sofi?
-No, todavía no. Seguro hoy a la noche se
los doy. A las chicas les tenemos que avisar así nos juntamos. Aunque creo que
se iban de vacaciones ahora en febrero
-¡Ah sí! Tenés razón, les dieron vacaciones
la primera quincena. Bueno, que esperan cuando vuelvan
Una
vez que Sofía volvió a su casa, repartió los presentes que había traído de
Colón.
Ese viernes,
mientras estaba acomodando las cosas en la panadería, le sonó el celular.
Cuando miró para leer el mensaje que le había llegado, quedó petrificada. Casi
se le fue todo el aliento, y no se pudo mover por unos segundos. Cuando se dio
cuenta, se fue hasta detrás del mostrador, para sentarse en la butaca. Era un
mensaje de Joel. Lo leyó: “Hola! Cómo
estás? Te extraño” Sofía no podía creer lo que leían sus ojos. Empezó a
transpirar de los nervios, y se dijo a sí misma que debía calmarse. Por
supuesto que lo primero que se le cruzó por la cabeza fue no contestar. Y no lo
hizo. Ese mensaje le dio vueltas por la mente durante todo el día. Cuando
estaba por irse a dormir, agarró su celular, releyó el mensaje, respiró
profundo, y contestó. Sin esperanzas de pronta respuesta. Pero, la respuesta
llegó enseguida: “Puedo llamarte?” Automáticamente,
Sofía respondió con un sí.
-Hola Sofi ¿cómo estás? Tanto tiempo, linda-
con un tono despreocupado saludó Joel a una Sofía que no podía entender lo
que estaba pasando.
-Hola… Bien, bien, recién llegada de mis
vacaciones
-¿En serio? Qué bueno, ¿dónde fuiste?
-A Colón, Entre Ríos. Fui con una amiga
-Qué bien… Che, quiero preguntarte una cosa,
espero que no lo tomés a mal
-Decime
-¿Podemos vernos?- después de esa pregunta,
Sofía quedó muda. No pudo hablar y Joel pensó que no había buena señal de
celular, por eso hizo la pregunta un par de veces.
-¿Para qué, Joel? No entiendo qué querés
-Sofi, te extraño y quiero verte. Hablemos,
y tomemos algo
-Mmm… Bueno… Dale, ¿dónde y cuándo?
-¿Te parece mañana a las cinco en la
cafetería de la otra cuadra de la estación?
-Ok. Nos vemos
-Besos, hermosa. Nos vemos
Cuando
terminó la llamada, Sofía se recostó en la cama con los ojos cerrados. Le daba
vueltas la cabeza, como si estuviese mareada, borracha, alucinada. Sintió
nauseas, pero no era porque sentía repulsión de haber aceptado verse con Joel,
sino que los nervios recorrían sus venas. ¿Por qué? ¿Por qué dijo que la
extrañaba? ¿Cuál es el objetivo que se propone? Por lo pronto, decidió no
contárselo a su amiga ni a nadie. Seleccionó la ropa que iba a ponerse, un
vestido sencillo color naranja tenue con pétalos de rosas. De paso, mostraría
el bronceado que consiguió en las vacaciones.
Llegó
a la cafetería y ahí estaba él. La miró entrar, sonrió muy pícaro. Sofía no
sabía qué sentir, y mucho menos qué pensar. Ya no estaba nerviosa, solo ansiosa
y desconcertada.
-¡Hola Sofi!- y la abrazo bien fuerte
por un par de segundos.
-Hola Joel. ¿Cómo estás? ¿Bien?
-Sí. Y ahora que te veo, estoy mejor
-Bueno, me tenés acá. ¿De qué querés hablar?
-Sofi, si bien entre nosotros no hubo algo
fuerte, casi no hubo nada de verdad, nos llevamos bien. ¿No?
-Sí… ¿Y?- indignada por la frialdad con
la que Joel hablaba de la relación que hubo entre ello.
-Quiero que salgamos, pero sin ningún
compromiso. Así como estábamos pero siendo consiente de eso ¿si?
-A ver, a ver… sería como si yo… fuera, tu
chica de paso, digamos
-Exacto, con la diferencia de que ya nos
conocemos y sabemos nuestras mañas- Sofía tomaba el jugo de naranjas que
pidió, mientras escuchaba atentamente lo que él tenía que decirle. Y lo miraba,
pensaba que todo lo que soñó con Joel pudo haber sido realidad. Quizá más
adelante en el tiempo, quizá si ella se hubiese portado diferente, más áspera y
distante. Lo miraba, con añoranza, recordando aquellos meses que parecían tan
cerca, pero no, tenía que arrancarse definitivamente esas imágenes del cerebro.
Pensó en ella, y pensó en él. Una esperanza ahogada en su pecho atropelló
cualquier intentó de razón que pudo tener.
-Joel… bueno. Tengamos ese tipo de relación.
Con nuestros tiempos, nuestras cosas… sin compromisos… ¿así?
-Claro, así de simple, Sofi… ¿te parece
vernos esta noche?
-¿Ya esta noche?... bueno, ¿en dónde?
-Vemos. Nos encontramos acá en la esquina y
vamos a cenar
-Dale- terminaba de tomar su vaso de
jugo y de comer una medialuna de manteca. Esperaron unos minutos más, y se
despidieron. Joel acompañó a Sofía hasta la parada del colectivo que tenía que
tomar. Se dieron un fuerte abrazo, pero Joel, no conforme con eso, y sabiendo
que ganó terreno, tomó de la mano a Sofía la miró fijo y lentamente se acercó,
y la besó.
Eran
las nueve de la noche cuando se volvieron a encontrar. Joel le propuso ir a
comer algo liviano y después recorrer la plaza iluminada tomando un helado. Sofía
aceptó. Tomados de la mano fueron hasta el bar donde cenarían. Actuaban como si
no hubiese pasado el tiempo entre ellos, pero con las cosas totalmente
cambiadas. Totalmente diferentes a como las pensó Sofía.

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