lunes, 20 de enero de 2014

Capítulo 34- Los canallas no merecen perdón




Un mayo muy frió tapó Buenos Aires en la primera semana. Joel tendría libre el viernes, y Sofía no tenía clase ese día, así que decidieron salir juntos como, prácticamente, cada fin de semana.
-¿Mañana que tenés que hacer?- preguntó ella
-Mmm, ah sí, tengo que ayudar a un amigo que tiene que rendir
-Ah, todo bien entonces. Preguntaba por si querías salir
-Nada me encantaría más que eso, mi amor, pero esta complicado con esa materia, algo yo sé como para ayudarlo
-No hay problema, yo sé que no me mentís- Joel rio y le dio un beso.
Sofía no quedó conforme con la respuesta que él le dio. Se despertó ese sábado con una angustia en su pecho, que no podía explicar. Entonces, llamó a Monse y le explicó la situación. Desde aquella discusión, no habían quedado muy bien las cosas entre ellas. Pero, esta vez Sofía necesitaba en serio de su ayuda.
Monserrat fue a la casa de Sofía por la tarde. El plan que tramaron por teléfono y que iban a perfeccionar en ese momento, era que irían hasta la casa de Joel, y de ahí seguirlo. A Monse le pareció una locura, para qué seguir al patán que lastimó a su amiga.
-Por favor, Monse. Con esto yo me sentiría tranquila
-Lo hago pura y exclusivamente por vos
-Gracias- y la abrazó, más que para agradecerle, lo hizo porque en ese momento necesitaba contención.
Fueron hasta la casa de Joel. Se escondieron en la esquina detrás de un árbol. A pesar del frío, fueron en la bicicleta de Sofía, para poder seguirlo mejor. Joel salió, estaba vestido demasiado elegante como para visitar a un amigo. Fue hasta la otra esquina y pidió un remis. Las chicas lo seguían cuidadosamente de cerca. Después de subirse a un auto, fueron derecho diez cuadras, y doblaron a la derecha. Se estacionó frente a una casa blanca casi color crema. De adentro salió… ¡una chica!
-¡Una chica!- dijo Sofía en vos alta.
-Shh, amiga, nos van a descubrir- advirtió Monserrat.
Sofía quedó atónita, por qué si la relación que había entre ellos no tenía ninguna unión seria ni fuerte, no eran nada, por qué entonces Joel le mintió. Por qué no le dijo que saldría con una chica en lugar de mentirle, una vez más. La chica era casi de la misma altura que él, de pelo largo enrulado, color caoba. Linda, era linda. Joel se bajó del auto, para abrirle la puerta a la joven, no sin antes abrazarla y darle un beso. Eso destruyó más a Sofía.
-¿Querés seguir con el plan o volvemos a tu casa?- preguntó Monse mientras tomaba de los brazos a su amiga para que no cayera de rodillas a la vereda.
-Vámonos Monse… no quiero estar más acá
-Los canallas no merecen perdón- exclamó indignada y furiosa, casi con ganas de ir a reventarle el estómago con una patada a Joel. Pero, ¿con qué motivos haría eso? Si ya estaba más que claro que entre su amiga y él no pasaba nada serio. No podía reprocharle nada a Joel, pero sí a su amiga.
Monserrat dejó a Sofía en su habitación y se fue a su casa. Conociendo a su amiga, supo que debía dejarla sola para que pueda aclarar las cosas en su mente. Por su parte, Sofía se sentía una tonta, se decía a sí misma que es una ilusa, y fue en ese momento en el que se dio cuenta que su amiga tenía razón. Y que ella misma sabía lo que ocurriría, porque por algo ocultó a Monse sus visitas a Joel. En su inconsciente era notorio, pero su conciencia adormecida no se dio cuenta el daño posterior. Pensó que podía manejar la situación, pero en cambio el camión que conducía se desbarrancó, haciéndola entender que el punto final lo debió de poner definitivamente cuando se alejó de Joel. Ahora es tarde, y se sintió una vez más burlada. Pero burlada por ella misma, que no entendió que tenía que quererse ella primero antes de empezar a querer a otro. No lloró, solo se angustió. Como si las lagrimas hicieran huelga y no quisieran salir sabiendo la clase de persona por la que debían derramarse. Y sabiendo también que esta vez no tenían que salir, porque la culpa la tuvo la misma Sofía. La enroscaron con nuevas palabras y miradas dulces. Esa mini esperanza, esa cosita chiquita que gritaba dentro de su pecho, debió morir con el primer golpe. Ahora está definitivamente muerta.
-Muerta y no va a renacer- susurró Sofía mientras se recostaba en la cama, porque hacía frío. Más que nunca. Intentando dormir, y no pensar. Como tantas otras noches atrás, desde que apareció Joel en su vida. Sí, por eso empezó a llorar, porque él irrumpió en las aguas calmas que la rodeaban. Qué karma recayó en su espalda.
Al día siguiente, Sofía pensó en llamar a Joel para citarlo y hablar con él. Sentía la necesidad de descargarse como nunca. Cuando miró su celular tenía dos llamadas perdidas de Monse. Y un mensaje de texto que decía: Avisame cuando te despiertes, quiero hablar con vos. Pero la cabeza de Sofía solo daba para pensar en lo que le diría a Joel. Finalmente, lo llamó, eran las doce del mediodía. Nadie respondió. Seguramente seguía durmiendo. Intentó de nuevo a las dos de la tarde, y por fin atendió Joel.
-¿Hola?
-Joel, hola. Soy Sofi. Necesito hablar con vos, ¿podés hoy más tarde?
-Ah Sofi… Sí, sí, dale tipo seis te paso a buscar
-Bueno, te espero- colgó despacio, como si quisiera despertarse de un sueño.
Cuando Joel la pasó a buscar a su casa, le quiso dar un beso, pero Sofía no lo dejó. Fueron al bar de siempre, donde empezó y donde terminó todo.
-Sofi, te veo rara, ¿qué te pasa?
-Ayer vi que saliste con una chica- ante una posible interrupción, dijo- Dejame terminar y después hablás vos. Yo sé que no tenemos nada, y que lo nuestro es algo al paso. Yo soy con quien te desahogás. Lo que no entendí es por qué no me dijiste que ibas a salir con otra. Si supuestamente para vos, no hay compromisos entre nosotros, ¿por qué me mentiste? Joel… yo te quise profundamente. Conmigo hubieras sido feliz. Yo te hubiese cuidado como se debe, y eso me habría hecho feliz a mí. Sentí quererte tanto que imaginé cosas futuras que jamás pasarán. Seguramente no te importa, y ni siquiera vas a hacer el esfuerzo de pensar en lo que duele dibujar un futuro con alguien que te dice que te ama, pero que tres días después de tu cumpleaños te dice que no. Y seguramente ahora, estarás muy tranquilo, con la conciencia en paz, pensando que las cosas que pasan duelen poco. Pero no Joel ¡Jodiste un corazón que te guardó muy dentro de él para darte el más puro amor que podía darte! Nunca pensaste en mí, siempre te importó solo lo que vos sentías. Por eso armaste toda una mentira. Total, claro me tenés unos días, probás si te gusta y si no me tirás al tacho de basura ¡Eso hiciste! Yo fui tan sincera, y vos eras falso. Ya no puedo creerte en nada. Qué lástima que puedas dormir tranquilo, deberías tener pesadillas todas las noches. Porque una cosa es que no haya funcionado, y otra que hayas sido el sordo que no quiso escuchar mis advertencias. Te dije muchas veces que fuéramos despacio, pero no, te diste cuenta de eso una vez que pisoteaste vilmente mi corazón. Ya está Joel, búscate otra con un corazón de carbón como el tuyo, así a ninguno le duele- cuando terminó de decir eso, tomó un sorbo de agua. Levantó la mirada para verlo a los ojos. Sintió rabia. Lo despreció en ese momento. Esperó a que dijera algo.
-Sofía… Perdón por todo
-Joel… Perdoname por quererte tanto- se levantó, se puso el tapado, agarró su cartera y salió del bar sin mirar atrás. Tomó el colectivo. Al llegar a su casa, se dio una ducha caliente, se preparó un té con azúcar y se fue a dormir. Esta vez sin ningún remordimiento ni sensación de pesadez en el alma.

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