Un
mayo muy frió tapó Buenos Aires en la primera semana. Joel tendría libre el
viernes, y Sofía no tenía clase ese día, así que decidieron salir juntos como,
prácticamente, cada fin de semana.
-¿Mañana que tenés que hacer?- preguntó
ella
-Mmm, ah sí, tengo que ayudar a un amigo que
tiene que rendir
-Ah, todo bien entonces. Preguntaba por si
querías salir
-Nada me encantaría más que eso, mi amor,
pero esta complicado con esa materia, algo yo sé como para ayudarlo
-No hay problema, yo sé que no me mentís- Joel
rio y le dio un beso.
Sofía
no quedó conforme con la respuesta que él le dio. Se despertó ese sábado con
una angustia en su pecho, que no podía explicar. Entonces, llamó a Monse y le
explicó la situación. Desde aquella discusión, no habían quedado muy bien las
cosas entre ellas. Pero, esta vez Sofía necesitaba en serio de su ayuda.
Monserrat
fue a la casa de Sofía por la tarde. El plan que tramaron por teléfono y que
iban a perfeccionar en ese momento, era que irían hasta la casa de Joel, y de
ahí seguirlo. A Monse le pareció una locura, para qué seguir al patán que
lastimó a su amiga.
-Por favor, Monse. Con esto yo me sentiría
tranquila
-Lo hago pura y exclusivamente por vos
-Gracias- y la abrazó, más que para
agradecerle, lo hizo porque en ese momento necesitaba contención.
Fueron
hasta la casa de Joel. Se escondieron en la esquina detrás de un árbol. A pesar
del frío, fueron en la bicicleta de Sofía, para poder seguirlo mejor. Joel salió,
estaba vestido demasiado elegante como para visitar a un amigo. Fue hasta la
otra esquina y pidió un remis. Las chicas lo seguían cuidadosamente de cerca.
Después de subirse a un auto, fueron derecho diez cuadras, y doblaron a la
derecha. Se estacionó frente a una casa blanca casi color crema. De adentro
salió… ¡una chica!
-¡Una chica!- dijo Sofía en vos alta.
-Shh, amiga, nos van a descubrir- advirtió
Monserrat.
Sofía
quedó atónita, por qué si la relación que había entre ellos no tenía ninguna
unión seria ni fuerte, no eran nada, por qué entonces Joel le mintió. Por qué
no le dijo que saldría con una chica en lugar de mentirle, una vez más. La
chica era casi de la misma altura que él, de pelo largo enrulado, color caoba.
Linda, era linda. Joel se bajó del auto, para abrirle la puerta a la joven, no
sin antes abrazarla y darle un beso. Eso destruyó más a Sofía.
-¿Querés seguir con el plan o volvemos a tu
casa?- preguntó Monse mientras tomaba de los brazos a su amiga para que no
cayera de rodillas a la vereda.
-Vámonos Monse… no quiero estar más acá
-Los canallas no merecen perdón- exclamó
indignada y furiosa, casi con ganas de ir a reventarle el estómago con una
patada a Joel. Pero, ¿con qué motivos haría eso? Si ya estaba más que claro que
entre su amiga y él no pasaba nada serio. No podía reprocharle nada a Joel,
pero sí a su amiga.
Monserrat
dejó a Sofía en su habitación y se fue a su casa. Conociendo a su amiga, supo
que debía dejarla sola para que pueda aclarar las cosas en su mente. Por su
parte, Sofía se sentía una tonta, se decía a sí misma que es una ilusa, y fue
en ese momento en el que se dio cuenta que su amiga tenía razón. Y que ella
misma sabía lo que ocurriría, porque por algo ocultó a Monse sus visitas a
Joel. En su inconsciente era notorio, pero su conciencia adormecida no se dio
cuenta el daño posterior. Pensó que podía manejar la situación, pero en cambio
el camión que conducía se desbarrancó, haciéndola entender que el punto final
lo debió de poner definitivamente cuando se alejó de Joel. Ahora es tarde, y se
sintió una vez más burlada. Pero burlada por ella misma, que no entendió que
tenía que quererse ella primero antes de empezar a querer a otro. No lloró,
solo se angustió. Como si las lagrimas hicieran huelga y no quisieran salir
sabiendo la clase de persona por la que debían derramarse. Y sabiendo también
que esta vez no tenían que salir, porque la culpa la tuvo la misma Sofía. La
enroscaron con nuevas palabras y miradas dulces. Esa mini esperanza, esa cosita
chiquita que gritaba dentro de su pecho, debió morir con el primer golpe. Ahora
está definitivamente muerta.
-Muerta y no va a renacer- susurró Sofía
mientras se recostaba en la cama, porque hacía frío. Más que nunca. Intentando
dormir, y no pensar. Como tantas otras noches atrás, desde que apareció Joel en
su vida. Sí, por eso empezó a llorar, porque él irrumpió en las aguas calmas
que la rodeaban. Qué karma recayó en su espalda.
Al
día siguiente, Sofía pensó en llamar a Joel para citarlo y hablar con él.
Sentía la necesidad de descargarse como nunca. Cuando miró su celular tenía dos
llamadas perdidas de Monse. Y un mensaje de texto que decía: Avisame cuando te despiertes, quiero hablar
con vos. Pero la cabeza de Sofía solo daba para pensar en lo que le diría a
Joel. Finalmente, lo llamó, eran las doce del mediodía. Nadie respondió.
Seguramente seguía durmiendo. Intentó de nuevo a las dos de la tarde, y por fin
atendió Joel.
-¿Hola?
-Joel, hola. Soy Sofi. Necesito hablar con
vos, ¿podés hoy más tarde?
-Ah Sofi… Sí, sí, dale tipo seis te paso a
buscar
-Bueno, te espero- colgó despacio, como
si quisiera despertarse de un sueño.
Cuando
Joel la pasó a buscar a su casa, le quiso dar un beso, pero Sofía no lo dejó.
Fueron al bar de siempre, donde empezó y donde terminó todo.
-Sofi, te veo rara, ¿qué te pasa?
-Ayer vi que saliste con una chica- ante
una posible interrupción, dijo- Dejame
terminar y después hablás vos. Yo sé que no tenemos nada, y que lo nuestro es
algo al paso. Yo soy con quien te desahogás. Lo que no entendí es por qué no me
dijiste que ibas a salir con otra. Si supuestamente para vos, no hay
compromisos entre nosotros, ¿por qué me mentiste? Joel… yo te quise
profundamente. Conmigo hubieras sido feliz. Yo te hubiese cuidado como se debe,
y eso me habría hecho feliz a mí. Sentí quererte tanto que imaginé cosas
futuras que jamás pasarán. Seguramente no te importa, y ni siquiera vas a hacer
el esfuerzo de pensar en lo que duele dibujar un futuro con alguien que te dice
que te ama, pero que tres días después de tu cumpleaños te dice que no. Y
seguramente ahora, estarás muy tranquilo, con la conciencia en paz, pensando
que las cosas que pasan duelen poco. Pero no Joel ¡Jodiste un corazón que te
guardó muy dentro de él para darte el más puro amor que podía darte! Nunca
pensaste en mí, siempre te importó solo lo que vos sentías. Por eso armaste
toda una mentira. Total, claro me tenés unos días, probás si te gusta y si no
me tirás al tacho de basura ¡Eso hiciste! Yo fui tan sincera, y vos eras falso.
Ya no puedo creerte en nada. Qué lástima que puedas dormir tranquilo, deberías
tener pesadillas todas las noches. Porque una cosa es que no haya funcionado, y
otra que hayas sido el sordo que no quiso escuchar mis advertencias. Te dije
muchas veces que fuéramos despacio, pero no, te diste cuenta de eso una vez que
pisoteaste vilmente mi corazón. Ya está Joel, búscate otra con un corazón de
carbón como el tuyo, así a ninguno le duele- cuando terminó de decir eso,
tomó un sorbo de agua. Levantó la mirada para verlo a los ojos. Sintió rabia.
Lo despreció en ese momento. Esperó a que dijera algo.
-Sofía… Perdón por todo
-Joel… Perdoname por quererte tanto- se
levantó, se puso el tapado, agarró su cartera y salió del bar sin mirar atrás.
Tomó el colectivo. Al llegar a su casa, se dio una ducha caliente, se preparó
un té con azúcar y se fue a dormir. Esta vez sin ningún remordimiento ni
sensación de pesadez en el alma.

